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La violencia del jitomate

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Es innegable que nuestra clase política se especializa en causar irritación en la ciudadanía. De todos los legisladores es cierto que trabajan duro y conocen los temas a profundidad no más de 5.0 por ciento. Los demás son convidados de piedra. Personas que presiden alguna comisión para que sientan que fueron algo en la vida. Normalmente se esconden, buscan no salir dando opiniones sobre los temas de relevancia porque no saben. Nos enteramos de ellos cada que dicen alguna estupidez o comenten alguna tropelía. Pero hay gente talentosa que da debates, genera leyes, da la cara y defiende su trabajo y con ello el de todos sus otros compañeros.

La semana pasada un grupo de ciudadanos comandados por el señor Arne lanzó jitomates al diputado César Camacho. Advirtieron que lo van a perseguir hasta que regrese el bono navideño. A simple vista pareciera una gracejada simpática. César Camacho es un político despreciable. Un tipo que jamás lo veremos dar un buen debate. Es un político de viejo estilo. Ha destacado por no hacer nada y por tener una colección de relojes carísimos. Es el prototipo del priista tranza, cínico y desvergonzado. Pero de ahí a que gente se organice para agredirlo físicamente, es algo que debemos condenar. No sólo por Camacho sino porque no podemos permitir que ese tipo de agresiones se tomen como argumento político.

El señor Arne ha sido funcionario en diversas épocas de su vida. Ha sido diputado y fue coordinador de asesores de un secretario de Gobernación. Mientras ha tenido cargos no se ha sabido que devolviera lo correspondiente a las gratificaciones que recibió. Una vez que dejó de ser funcionario en una delegación, la ha emprendido contra la clase política de la que ya no forma parte, de ahí su venganza. Es un junior acostumbrado a ver a los demás como objeto de sus burlas. Lo mismo le da humillar públicamente a una señora que no ha tirado la basura, que al priista Camacho. Su cerebro no le permite establecer filtros entre diferentes condiciones. Su gusto enfermo por exhibir a los que viven fuera de su idea elemental de la vida, lo llevó a grabar y denunciar públicamente lo mismo a un empresario prepotente que a prostitutas que se ganaban la vida. Ha destacado por sus ocurrencias. Es un hombre de mirada bovina, de risa idiota. Tiene resortes fascistas, peligroso, un hombre elemental al que se le ocurre que hay que aventar pañales con excremento –como fiel reflejo de lo que satura su mente.

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No estoy en contra de manifestaciones en contra de los políticos, de hecho creo que son necesarias para que recuperen un poco de vergüenza. Ahorita son jitomates, después vendrán piedras y a saber qué más. Agredir físicamente no es una opción. Porque después de los políticos vendrán los periodistas que les parecen vendidos, y luego los que votan por alguien que no les parece. Hay formas más creativas de denunciarlos y repudiarlos. Lynn Fainchtein propuso el otro día que se les silbara cuando los vieran en un lugar público. No es mala idea. Seguramente hay muchísimas maneras. Las protestas son tan importantes que no se le pueden dejar a quienes creen que la violencia es la forma de expresarse.

 

@JuanIZavala