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Todo suma

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Durante muchos años la ciudadanía ha pedido que se suspendan los privilegios de que goza la clase política. También durante esos años se ha argumentado que el ahorro que se pueda generar es poco significativo, una cantidad que no cuenta en la gran suma nacional.

Parece que el momento de hacerlo ha llegado. Es momento de ahorrar en lo mucho y en lo poco.

Todo suma. Por poco que sea abona algo a la suma total. Negarse a los privilegios no es sencillo en un país en el que la clase política goza de muchos. Sin lugar a dudas la actividad política se ha convertido no solamente en una zona de privilegios, sino también en una de las pocas que dan movilidad económica en estos tiempos. Al formar parte de un grupo político bien posicionado –sean legisladores federales o alto nivel de gobiernos–, los integrantes entran a una categoría privilegiada. A algunos les dura tres años, a otros seis, a otros decenas de años.

Siempre me ha sorprendido, por ejemplo, que los legisladores se nieguen a pagar sus galletas. Hay tickets de compras de legisladores en los que adquieren hasta chicles que se les tienen que pagar. Recibos de 60 pesos. Es ofensivo. El problema es que los señalados ven el asunto en términos de montos y no en términos de abuso. A la ciudadanía no le enoja la cantidad en sí, sino que haya que pagárselas. Se trata de ser empáticos. Si la situación económica es mala, si el país atraviesa por tribulaciones y escenarios de gravedad, lo menos que se puede esperar es que la clase gobernante procure ponerse al nivel de los ciudadanos.

Pedir a la clase política que renuncie a los excesos no es demagogia, es simplemente pedir que sean austeros. No se trata de verlos condenados a comprarse su silla de trabajo pero sí lo que le toca adquirir a la mayoría de la gente. Por eso no es irracional pedirles que se compren su coche, que paguen su gasolina, su café, sus galletitas, su teléfono. Es un asunto que tiene que ver más con la empatía, con la solidaridad y con que se den cuenta de cuánto cuestan las cosas.

El INE, legisladores, el Poder Judicial, gobiernos locales y el federal, parecen haber comprendido ya la magnitud del enojo ciudadano. Es de hacer notar que no sólo se circunscriben a sus áreas, en el caso de tres senadores panistas: Cordero, Gil y Lavalle entregaron una propuesta con casos concretos de dónde puede y debe ahorrar el gobierno de la federación. Parece ser parte de la conciencia de crisis en varios rubros que atraviesa el país. Por supuesto, nunca falta la dosis de cinismo, el desplante ramplón como firma del valemadrismo legislativo que corrió a cargo del senador Javier Lozano, quien dijo que si se rebajaba el salario tendría que robar. Se ve que vive un drama personal intenso entre su vocación política y la de ladrón.

Ojalá y estas medidas de quitar viajes internacionales innecesarios, vales de despensa y de gasolina y muchas otras prestaciones abusivas a quienes tienen una función destacada en el poder, lleguen para quedarse. La austeridad debe ser una de las características de quien maneja dinero público. Todo suma.

@JuanIZavala