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Herencias del 68

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Nací en 1966 y, por lo tanto, no fui a Tlatelolco el 2 de octubre de 1968. Con el tiempo me he topado con cantidad de gente que sí fue ese día a la manifestación estudiantil. Por lo menos, eso dicen. Muy pocos de esa generación me han dicho que no fueron al mitin. Gente que me dice que fue pero que me cuesta trabajo imaginarlos en una manifestación contra el gobierno de entonces. Recordemos que en esas fechas para criticar al gobierno se necesitaba bastante valor —como se necesita hoy para defender al actual—. Pero más allá de eso, no cabe duda de que se trató de una marca para una generación y de una cicatriz para la nación.

Los de esa generación —como tooodos fueron a las marchas— se sienten merecedores de un respeto enorme porque ellos cambiaron al país o fueron iniciadores de un movimiento democrático nacional que nunca hubo, porque lo cierto es que aquella izquierda más bien despreciaba los valores democráticos —quizá por coyuntura histórica—. Por supuesto que no podemos negar el sacrificio de tantos jóvenes que fueron brutalmente reprimidos, varios de ellos asesinados y muchos más que padecieron la cárcel simplemente por querer decir lo que pensaban. Ganar las calles fue una herencia de aquel movimiento.

Hoy en día cada quien dice lo que quiere, tiene muchas maneras de hacerlo; eso, a pesar de los esfuerzos de este y de casi cualquier gobierno por controlar los medios. La conmemoración del 2 de octubre es una mezcla de nostalgia con anarquismo, es una manifestación que lo mismo recuerda Acteal, que el 10 de junio, o que Ayotzinapa o a los punks. No es lo mismo el valor de los jóvenes de entonces que el de los vándalos de estos días. Hoy si alguien le quiere mentar la madre al Presidente, lo puede hacer sin problema dirigiéndola a la cuenta de Twitter presidencial. Si el gobierno de Díaz Ordaz tenía debilidad por la brutalidad, estos de ahora simplemente son brutos.

El gobierno de Díaz Ordaz fue un gobierno abiertamente represor, con rasgos claramente dictatoriales. Era el PRI en su plenitud. Todavía padecemos los ecos de ese gobierno. La legítima represión de las fuerzas del orden quedó desterrada del quehacer público. Ayer Luis Rubio lo recordaba en su texto (Reforma, 02/10/16), en términos de “evasión de la responsabilidad” de los gobernantes para no pasar a la historia como Díaz Ordaz. Pero esa evasión nos tiene a veces en el desorden. La violencia es monopolio de la autoridad. Hace tiempo se lo quitaron y no han querido recuperarlo. Otra herencia de esa fecha. Mal para el país, que tiene autoridades que no quieren serlo.

 

@juanizavala