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Juan Antonio García Villa

¿Y las legislaturas estatales?

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Hace más de medio siglo, hacia mediados de la década de los años sesenta, un mexicano ilustre, sobresaliente en la actividad política de su tiempo, Adolfo Christlieb Ibarrola, por desgracia fallecido prematuramente, con la chispa que sabía poner en sus artículos periodísticos, escribió alguna vez que “sobre los diputados locales nada, o muy poco, es lo que se puede decir, no por falta de interés sino por ausencia de materia”. Y agregó que en el mejor de los casos era en la página roja de los diarios de provincia donde se podía encontrar alguna huella de su labor. Y era rigurosamente cierto. Lamentablemente son mínimos los cambios y menos aún los avances que sobre este asunto se han logrado en cinco décadas. Parece mentira, pero así es.

Lo anterior viene al caso con motivo de que en dos de los cuatro estados en que habrá comicios este año se renuevan sus congresos locales: Nayarit y Coahuila. En el primero se elegirán 30 y en el segundo 25 legisladores locales.

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El colosal endeudamiento estatal y la alternancia

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¿Cómo fue posible que un buen número de gobiernos estatales haya llegado a niveles de endeudamiento público verdaderamente escandaloso? Peor aún: ¿cómo fue posible que esta infortunada realidad haya pasado inadvertida varios años? ¿Cuándo empezó esto y por qué?

Con sólo revisar las cifras disponibles sobre dichas deudas estatales, aparece más que claro cuándo es que inicia su desmesurado crecimiento. Nace con el nuevo siglo. Aunque tal aumento se registra de manera paulatina, pues ciertamente no empezó así nada más de golpe y de manera generalizada, el punto de arranque ocurrió hace alrededor de tres lustros. ¿Por qué? ¿Qué explicación puede tener que así haya sido?

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El 'feuderalismo' y el presidencialismo mexicanos

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Antes de la alternancia del año 2000, poco se previó sobre el comportamiento que tendrían los gobernadores de los estados al modificarse el sistema político. Lo que sucedió fue que incurrieron en los peores excesos de despotismo, corrupción e impunidad. No porque antes fueran bien portados, no, sino porque con el inicio del siglo las cosas para ellos ya no conocieron límites. ¿Qué fue lo que pasó?

La explicación no tiene mayor ciencia. Como bien se sabe, durante las siete décadas de la hegemonía priista, los gobernadores fueron producto de la sola voluntad presidencial. Y por supuesto susceptibles también de ser removidos en cualquier momento por decisión del presidente. Pobre de aquel gobernador que osara insubordinársele, pues a partir de ese momento podía considerarse hombre muerto. Hasta que el modelo cambió con la alternancia, pero sin haberse tomado las previsiones pertinentes. Nació así el llamado 'feuderalismo'.

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El Ejecutivo y el partido gubernamental

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El pasado 4 de marzo el PRI (antes PRM y PNR) cumplió 88 años. En el acto conmemorativo de su aniversario, estuvo el presidente de la República Enrique Peña Nieto, quien se dirigió a los asistentes. Lo hizo con imprudencia y sin atenerse a su investidura. Pero además de manera errónea al no tomar en cuenta que con los bajísimos niveles de aceptación que trae, todo cuanto diga, y con mayor razón si lo hace en tono de beligerancia, le resultará contraproducente.

Cuando menos en dos dislates incurrió el presidente en su mensaje. El primero, al decir que “la oposición sigue sin estar lista para ser gobierno”, cuando su administración ha dado pruebas contundentes precisamente de no saber gobernar. Y el otro, al afirmar que “nunca, pero nunca pactará (el PRI) para dejarse derrotar. Nosotros, los priistas –y está en nuestra genética- siempre salimos a ganar”. Nomás le faltó decir: “y de ser necesario, a arrebatar”, lo cual, como todo el mundo sabe, sí es, desde siempre, su verdadera y natural característica.

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Cárdenas ante la atónita Legislatura de Guerrero

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Con el título de “Cárdenas por Cárdenas”, recientemente el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas publicó un grueso volumen (766 páginas) con la biografía de su padre, el el general Lázaro Cárdenas, presidente de México de 1934 a 1940. A reserva de hacer posteriormente una reseña de este libro, es obvio que debe resultar muy cuesta arriba para un hijo escribir sobre la trayectoria de vida de su padre, en particular si se trata de un político. Y más aún por un político tan controvertido por diversos sectores, el callismo incluido, como Cárdenas.

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El aniversario número 88 del PRI

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El PRI, con sus antecesores PNR y PRM, mañana cumple 88 años. A la luz del papel que esta formación política ha jugado en la historia del país a lo largo de las últimas nueve décadas, ha llegado el momento de hacer un análisis de ese partido, tan profundo como sea posible. Debe hacerse al menos desde tres ángulos: sociológico, histórico y político.

Para un planteamiento correcto del tema, deben de entrada responderse varias preguntas elementales: ¿Qué es exactamente el PRI? ¿Se le puede considerar, en serio, como un verdadero partido político, tal como este concepto se entiende en una democracia liberal?

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Al finalizar el mes de la Constitución

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El pasado 5 de febrero se cumplieron cien años de haberse promulgado la Constitución de 1917. Y el mismo día fue el 160 aniversario de la de 1857. Ambas son como si fueran una sola. No precisamente como líneas paralelas en una misma dirección, ni espejo una ley fundamental de la otra, no, sino más bien una especie de mancuerna. Como si fueran una sola pieza. Al menos así las considera la historiografía gubernamental. Un dato lo dice todo: el nombre oficial de la vigente es: “Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que reforma la del 5 de febrero de 1857”.

La fecha de su promulgación, única para ambas, fue en el pasado de las efemérides de gran celebración. En particular los aniversarios de medio siglo, del centenario y del sesquicentenario, respectivamente en 1907, en pleno porfiriato, en 1957 y en 1967.

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La historia lamentable de nuestras asambleas constituyentes

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Hace más de medio siglo, sin que yo tuviera entonces mayor idea del tema, me llamó la atención algo que le oí decir a don José González Torres en una conferencia que dictó en Torreón.

Dijo que cuando a fines de los años 40 las fuerzas aliadas de ocupación decidieron conceder autonomía interna a Alemania Occidental, los dos principales líderes alemanes, Konrad Adenauer y Willy Brandt, de la Democracia Cristiana y de la Socialdemocracia, respectivamente, se reunieron acompañados de sus respectivos equipos y en un solo día se pusieron de acuerdo en los principios que deberían quedar plasmados en la nueva Constitución de su país, que acababa de pasar por los horrores del nazismo.

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Un siglo de constitución literaria

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Ahora que ha cumplido un siglo de haber sido promulgada, se puede considerar que todo el mes de febrero es tiempo propicio para reflexionar en torno a la vigente Constitución mexicana, llamada de Querétaro.

Como ya se ha mencionado, quizá su principal característica ha sido su maleabilidad. Es decir, su constante modificación, a un ritmo de locura, de tal manera que en cien años ha sufrido nada menos que 699 enmiendas, según cómputo puntual revelado en días pasados. Ello a pesar de que la misma Carta Magna establece un procedimiento que la doctrina califica como rígido (o sea, complejo, dificultoso, nada fácil) para introducirle cambios. Si eso, como reza el refrán, se ha hecho con leña verde, ¿qué no se le haría con leña seca?

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Sobre el centenario de la Constitución de 1917

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Pasado mañana, domingo, se cumplen cien años de la promulgación en “el Palacio Nacional de la ciudad de Querétaro” (como reza la portada) de la vigente Constitución mexicana. Lo más notorio de este cabalístico aniversario, pues un siglo es un siglo, es que en realidad ha transcurrido relativamente inadvertido. Sin exageración, se puede decir que sin pena ni gloria. No es posible afirmar que de plano ignorado, no, desde luego que no, pero obviamente sí minimizado.

Ya el historiador Enrique Krauze, hace una década, cuando la actual Carta Magna llegó a 90 años y 150 su inmediata antecesora, la Constitución de 1857, con abundancia de datos señaló el notorio contraste entre los numerosos y fastuosos festejos llevados a cabo en 1907, 1957 y aun 1967, y las celebraciones realmente mínimas de hace diez años. Cuando precisamente –dijo- procedía celebrar la alternancia que por primera vez hizo posible la Constitución de 1917, con lo cual ésta dio vigencia a las instituciones democráticas. Se hacía necesario, pues, remarcar que se trata de una Constitución democrática. Y sin embargo, no se hizo así.

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Cien años de una Constitución de hojas sustituibles

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En los próximos días se cumplen cien años de la vigente Constitución mexicana. Quizá su nota más distintiva sea que a lo largo de este siglo ha sido objeto de numerosísimas adiciones y reformas, más de medio millar. Apenas un año después, en 1918, cuando aún estaba fresca la tinta con que se escribió, sufrió sus primeras enmiendas. Y cabe decir que la palabra “sufrió”, usada en el renglón de arriba, viene aquí como de molde.

El hecho, pues, de sus constantes cambios, ha llamado poderosamente la atención de propios y extraños. Si bien nadie pretende que una Constitución Política permanezca congelada, inmóvil en el tiempo, porque el sentido común indica que debe evolucionar como ocurre con la sociedad misma, tampoco puede colocarse en el extremo de irse modificando con tal rapidez que llegue a convertirse en una Constitución de “hojas sustituibles”.

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