Juan Antonio García Villa

La historia lamentable de nuestras asambleas constituyentes

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Hace más de medio siglo, sin que yo tuviera entonces mayor idea del tema, me llamó la atención algo que le oí decir a don José González Torres en una conferencia que dictó en Torreón.

Dijo que cuando a fines de los años 40 las fuerzas aliadas de ocupación decidieron conceder autonomía interna a Alemania Occidental, los dos principales líderes alemanes, Konrad Adenauer y Willy Brandt, de la Democracia Cristiana y de la Socialdemocracia, respectivamente, se reunieron acompañados de sus respectivos equipos y en un solo día se pusieron de acuerdo en los principios que deberían quedar plasmados en la nueva Constitución de su país, que acababa de pasar por los horrores del nazismo.

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Un siglo de constitución literaria

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Ahora que ha cumplido un siglo de haber sido promulgada, se puede considerar que todo el mes de febrero es tiempo propicio para reflexionar en torno a la vigente Constitución mexicana, llamada de Querétaro.

Como ya se ha mencionado, quizá su principal característica ha sido su maleabilidad. Es decir, su constante modificación, a un ritmo de locura, de tal manera que en cien años ha sufrido nada menos que 699 enmiendas, según cómputo puntual revelado en días pasados. Ello a pesar de que la misma Carta Magna establece un procedimiento que la doctrina califica como rígido (o sea, complejo, dificultoso, nada fácil) para introducirle cambios. Si eso, como reza el refrán, se ha hecho con leña verde, ¿qué no se le haría con leña seca?

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Sobre el centenario de la Constitución de 1917

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Pasado mañana, domingo, se cumplen cien años de la promulgación en “el Palacio Nacional de la ciudad de Querétaro” (como reza la portada) de la vigente Constitución mexicana. Lo más notorio de este cabalístico aniversario, pues un siglo es un siglo, es que en realidad ha transcurrido relativamente inadvertido. Sin exageración, se puede decir que sin pena ni gloria. No es posible afirmar que de plano ignorado, no, desde luego que no, pero obviamente sí minimizado.

Ya el historiador Enrique Krauze, hace una década, cuando la actual Carta Magna llegó a 90 años y 150 su inmediata antecesora, la Constitución de 1857, con abundancia de datos señaló el notorio contraste entre los numerosos y fastuosos festejos llevados a cabo en 1907, 1957 y aun 1967, y las celebraciones realmente mínimas de hace diez años. Cuando precisamente –dijo- procedía celebrar la alternancia que por primera vez hizo posible la Constitución de 1917, con lo cual ésta dio vigencia a las instituciones democráticas. Se hacía necesario, pues, remarcar que se trata de una Constitución democrática. Y sin embargo, no se hizo así.

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Cien años de una Constitución de hojas sustituibles

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En los próximos días se cumplen cien años de la vigente Constitución mexicana. Quizá su nota más distintiva sea que a lo largo de este siglo ha sido objeto de numerosísimas adiciones y reformas, más de medio millar. Apenas un año después, en 1918, cuando aún estaba fresca la tinta con que se escribió, sufrió sus primeras enmiendas. Y cabe decir que la palabra “sufrió”, usada en el renglón de arriba, viene aquí como de molde.

El hecho, pues, de sus constantes cambios, ha llamado poderosamente la atención de propios y extraños. Si bien nadie pretende que una Constitución Política permanezca congelada, inmóvil en el tiempo, porque el sentido común indica que debe evolucionar como ocurre con la sociedad misma, tampoco puede colocarse en el extremo de irse modificando con tal rapidez que llegue a convertirse en una Constitución de “hojas sustituibles”.

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La mujer mexicana en la política

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Hacia mediados del año pasado, varios de mis nietos que estudian primaria con los padres jesuitas en Torreón, me invitaron a una ceremonia escolar con motivo de la terminación de cursos. Una gran sorpresa me llevé allí.

Lo anterior en razón de que un club deportivo privado para familias de altos ingresos –o al menos eso supongo-, llevó a cabo el otorgamiento gratuito de una membresía por un año, con derecho a utilizar las instalaciones del club como cualquier socio, a un alumno –y su familia- por cada uno de los seis grados de primaria. Precisamente al alumno del mejor promedio de cada grado.

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¿Cervantes o Benengeli?

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Está por concluir 2016, año en que se han cumplido 400 de la muerte de Miguel de Cervantes. Por ello, resulta aún oportuno abordar algún tema relacionado con el genial autor español. Como el de Cide Hamete Benengeli, el supuesto autor arábigo de El Quijote, del que Cervantes se dice sólo su transcriptor.

¿Por qué procedió así Cervantes? En principio a manera de imitación burlesca de como solían hacerlo los escritores de los libros de caballerías, quienes se los achacaban a autores fingidos de procedencia exótica. Así, por ejemplo, el libro del “Amadís de Grecia” se decía escrito por el sabio Alquife, “El caballero del Febo” por los encantadores Artemidoro y Lirgandeo, “Don Belianís de Grecia” por el sabio Frestón, “Felixmarte de Hircania” por Filosio y “Cirolingio de Tracia” por Novarco, entre otros. Todos ellos supuestamente de origen persa, griego o árabe.

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La novena posada de 1840

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El 24 de diciembre de 1840, la esposa del primer embajador de España en México, señora Frances de Calderón de la Barca, fue invitada a la novena y última posada de ese año, la víspera del día de Navidad, a la casa de su amiga la Marquesa de Vivanco, en la capital del país.

Escribió la esposa del diplomático hispano que la celebración de las posadas, que en tal época ya constituía una tradición muy arraigada, es “una curiosa mezcla de devoción y esparcimiento, pero (forman) un cuadro muy tierno”.

Narra la misma dama que “cerca de las nueve (de la noche) empezó la ceremonia. A cada una de las señoras (invitadas, como ella) le fue puesta en la mano una velita encendida y se organizó una procesión, que recorrió los corredores de la casa cuyas paredes estaban adornadas de siemprevivas y farolitos y todos los concurrentes cantaban las letanías…”

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La llamada causa núm. 1, Castro y El Ché Guevara

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Conforme pasan los días van en disminución, como es natural, los comentarios y notas en los medios sobre el fallecimiento, el pasado 25 de noviembre, de Fidel Castro Ruz. Como se preveía desde antes de su deceso, sobre el líder de la revolución cubana se ha hablado y escrito mucho en los últimos días desde los más diversos ángulos y en todos los tonos. Algo esperado porque tuvo enemigos acérrimos y partidarios fervorosos.

Sin que implique contradicción, haré referencia aquí a un aspecto menor de su biografía, pero a la vez significativo. Está tomado del libro de historia novelada publicado en 1999 por el escritor cubano Norberto Fuentes, ya entonces en el exilio. Lleva el título de Dulces guerreros cubanos.

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Murió Fidel Castro, gran aficionado al beisbol

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La noche del pasado viernes 25 de noviembre falleció en La Habana Fidel Castro. Como la casi totalidad de los cubanos, fue gran aficionado al beisbol. Verdaderamente le apasionaba la pelota, como le llama la gente en Cuba al deporte rey. Hay quien incluso considera que nada le habría gustado más al comandante Fidel que haber llegado a ser gran estrella del beisbol. Pero lamentablemente para él, no fue así. Aunque hay leyendas y anécdotas que de alguna manera reflejan ese ardiente deseo personal. Voy a contar dos.

La primera la tomo del formidable libro sobre la historia del beisbol cubano escrito por Roberto González, eminente académico de la Universidad de Yale. Dice que cada vez que le mencionaba a algún norteamericano que estaba escribiendo ese libro, lo primero que a su vez le comentaba “era sobre las supuestas hazañas de Fidel Castro en este deporte, y la ironía histórica de que, si los Senadores de Washington o los Gigantes de Nueva York lo hubieran firmado en los años 40, la Revolución cubana nunca habría ocurrido”.

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Sólo han sido veinte, pero podrían ser muchos más

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Hace alrededor de una docena de años, la Universidad de Bristol realizó un amplísimo estudio sobre la emoción en los deportes. Lo hizo sobre cinco disciplinas, a saber: futbol americano, soccer, básquet bol, hockey sobre hielo y beisbol. Y luego de analizar, sobre la base del modelo elaborado al efecto, las emociones en 600 mil encuentros en promedio en cada uno de estos deportes, llegó a la conclusión de que ninguno como el beisbol proporciona ese sentimiento humano tan agradable que es la emoción.

Por ello, es una verdadera lástima que un alto porcentaje de la población en el mundo y en nuestro país, no lo sepa. Y también que desconozca cómo se juega el beisbol y cuáles son sus fundamentos.

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La victoria de Trump y la unidad nacional

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Apenas unas cuantas horas después de que Hillary Clinton llamó por teléfono a Donald Trump para felicitarlo por su triunfo en la elección presidencial norteamericana del pasado martes, ritual que en la tradición política de EU tiene el significado no sólo del reconocimiento en sí del resultado de los comicios sino de la legitimación de éstos, cuando el historiador Enrique Krauze se apresuró a declarar que tal resultado y sus consecuencias previsibles equivalen a algo así como si un gran terremoto se hubiera dejado sentir sobre nuestro país, como el de 1985.

Agregó Krauze que las consecuencias de ese terrible sismo podrán no presentarse de inmediato, pero –precisó, en el tono con que acostumbra pontificar- las habremos de resentir tarde o temprano. A manera de corolario, con voz grave y solemne el historiador hizo una convocatoria a la unidad de los mexicanos.

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