Diez millones

'El Caracol' en riesgo por corrupción (parte 1)

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Se le conoce como “El Caracol” al imponente evaporador solar construido por la extinta empresa Sosa Texcoco para la recuperación de carbonato y sales de sodio que eran la base de la producción de sosa caústica, de ahí el nombre de la empresa.

En 1943, el gobierno federal concesionó a la empresa Sosa Texcoco la utilización de las aguas salobres del vaso del Lago de Texcoco. En el diseño del evaporador solar participaron ingenieros y químicos mexicanos de gran reconocimiento a nivel internacional y la construcción la llevó a cabo la empresa Chemical Construction Corporation de Nueva York.

El Caracol es un complejo de canales en espiral con un perfecto diseño de niveles que permitían la distribución homogénea del agua para facilitar su evaporación y explotar las sales minerales. Es una circunferencia con 3,500 metros de diámetro y una superficie total de 900 hectáreas.

Se identifica inmediatamente en el despegue y aterrizaje desde el Aeropuerto Benito Juárez; para quienes no han tenido la oportunidad de viajar en avión, pueden apreciarlo a través de las grandes tomas satelitales de Google Maps (https://goo.gl/maps/zGiQLmTephw).

La superficie del evaporador, concesionada a Sosa Texcoco, corresponde a una parte de la Zona Federal del Lago de Texcoco (ZFLT), publicado en los decretos presidenciales de 1971 y 1982. Sosa Texcoco tuvo una buena administración como empresa privada, alcanzando una producción diaria de 200 toneladas de sosa caústica. Logró mejorar el diseño original y vencer retos muy importantes por la corrosividad del producto. Además de la producción de sales, emprendió proyectos de vanguardia mundial para la reproducción de alga espirulina, una cianobacteria con alto contenido protéico y vitamínico que ya los aztecas explotaban muchos años antes de la conquista.

Lamentablemente, el gobierno federal, en una decisión absurda e inexplicable, optó por la expropiación de la empresa y la otorgó al grupo Somex. Como era de esperarse, las malas administraciones y la corrupción, tanto de funcionarios como de líderes sindicales, llevaron a la quiebra a Sosa Texcoco en 1993 y ya nunca más pudo volver a operar. De no haber tenido esta mala administración, la empresa podría hoy estar en plena producción con fuentes de trabajo y siendo ejemplo a nivel mundial, como lo fue en su momento.

Después de la quiebra y el desmantelamiento de la empresa, parte de los terrenos fueron privatizados y en un acto que debe calificarse de criminal, los gobiernos corruptos de Ecatepec y del Estado de México, autorizaron la construcción de una importante zona habitacional y comercial sin haber procedido a la remediación ecológica del sitio, exponiendo a la población a niveles altos de contaminación.

El Caracol forma parte de la ZFLT que está bajo la vigilancia de la Conagua, lamentablemente, una vez que se tomó la pésima decisión de construir el NAICM en la ZFLT, El Caracol se ha convertido en tierra de nadie. En este momento, grupos pagados por la corrupción lo están invadiendo con la tolerancia de las autoridades estatales y federales que deberían protegerlo.

El polígono que conforma el proyecto del nuevo aeropuerto (NAICM), en una superficie de 5,000 hectáreas dentro de la ZFLT, ha sido protegido por una barda perimetral que fue construida por la Sedena; sin embargo, El Caracol que debería considerarse como área de amortiguamiento y protección ecológica del propio NAICM, quedó fuera del polígono y por lo mismo, altamente expuesto a invasiones.

Estas invasiones, que son inducidas por autoridades corruptas, ponen en riesgo El Caracol. La próxima semana desarrollaré las propuestas para preservar este importante y emblemático activo de la ciudad y del país.

 

@JL_Luege