Diez millones

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Pareciera que ayer ocurrió una situación extraordinaria en la elección del presidente de Estados Unidos, muchos llegamos a pensar que sólo una situación extraordinaria haría que ganara Donald Trump la Presidencia de ese país, y sí ganó, pero me temo que no fue por una situación extraordinaria, sino por una muy normal... si normal, pero que fue subestimada en el análisis de lo político. 

Seguí de cerca la elección, todo el día estuve atento, a partir de las 20:00 con mas interés al ver cómo se definía cada Estado, la esperanza era Wisconsin, según me explicaron, un estado que podría ayudar y definir.

Al final, los pronósticos de la mayoría de los mexicanos se fueron al túnel de las decepciones, una más en el ánimo de una población que desde hace mucho no ve una.

Me fui a dormir pasadas las dos de la mañana... sabiendo que no había sido un sueño, sabiendo que la realidad era una y nada mas.

Sin duda fue una jornada electoral histórica desde diversos matices, por el hecho de competir por primera vez una mujer en la elección presidencial de ese país, hasta la polémica participación de un candidato con exacerbado antimexicanismo, pasando por la expectativa de que ganaría la candidata del partido demócrata.

Muchos nos inclinamos en nuestro pronóstico en las cualidades políticas de los candidato, trayectoria y experiencia, y pensamos que Hillary Clinton sería la segura triunfadora de la elección, sin embargo, en esta ocasión subestimamos el estado de ánimo de la sociedad norteamericana, que fue hacia la que Donald Trump dirigió su discurso, ademanes y alharacas, hacia la defensa de la patria del acecho de los invasores, del terrorismo y hasta de los mexicanos, mientras que el de Hillary fue un mensaje centrado en potras cosas, que ahora entiendo, no hicieron eco en la sociedad norteamericana.

El de Trump fue un mensaje dirigido a los "forjadores" de su nación, mientras que Hillary se dirigió más a las minorías, a las personas de color y clases bajas y a los migrantes; el resultado final arrojó que quienes definieron la votación son aquellos que normalmente nunca salen a votar y que se engancharon con el discurso de Trump.

Cabe mencionar que la candidata demócrata, fue la mas votada por los ciudadanos, y si el sistema para elegir presidente fuera similar al mexicano, hoy la presidenta seria Hillary Clinton.

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Trump apeló a lo que históricamente caracteriza a los estadounidenses, la defensa de su nación ante las intensiones invasoras de sus enemigos, convocó a defender la identidad del norteamericano que es el trabajo para los americanos, mientras que Hillary habló de dar oportunidades a los estadounidenses, residentes y migrantes de todas las nacionalidades, y Trump burdamente ofreció lo que hace tan bien, que se llevó hasta el voto femenino, virilidad; y finalmente fue apoyado por las clases de altos ingresos incluyendo a los de raza negra.

La votación quedó pues históricamente marcada por ser una votación con tres factores en común: el racismo, el elitismo y la misoginia, características, que se habían mantenido ocultas, pero en el sentir generalizado de un sector de la población estadounidense, que creímos que habían encontraron freno en la evolución de la civilización que el mismo Estados Unidos.

Sin embargo, hoy la historia nos muestra a la mayoría de nuestros vecinos tal cual los hemos conocido siempre, como una sociedad racista, discriminatoria y ocupada más por las diferencias, que por las semejanzas, mirando más hacia ellos que hacia su responsabilidad como país líder mundial.

Pero eso ya lo sabemos, antes de la modernidad, de los Nobeles por la Paz, los liderazgos de color o los discursos pro-humanidad y pro-planeta, están los intereses mezquinos y apegos culturales que distinguen a los pueblos y que por rancios y absurdos que nos parezcan, son y están y hoy, más vivos que nunca.

Dejemos de lado a aquellos cuantos que viven un tipo de política y relación bilateral con EU, acorde a los intereses mezquinos y perversos con los que han dicho gobernar a México durante ya más de 80 años, dejemos que encuentren empatía entre sus pares. Eso también ya lo conocemos que hasta la cocina de Los Pinos lo meten.

Nosotros los mexicanos y las mujeres tenemos el gran reto de unirnos ante el perfil del próximo presidente del vecino país del norte, tenemos que sacar la casta y más ellas quienes para ese ganador han sido solo objeto de sus apetitos sexuales, trabajemos partiendo de posicionar y empoderar a nuestras mujeres, en su justa dimensión como motores de la vida y producción de México, luchemos por los ideales propios y de nuestras familias. Que México siga en su incansable búsqueda por enarbolar los más altos ideales de la soberanía, la reconstrucción y protección de los que más nos necesitan.

Que la llegada de Trump al poder político del país vecino, nos sirva de acicate y que aquí estamos más de 120 millones de mujeres y hombres trabajando, luchando, estudiando, sirviendo, resolviendo y produciendo para que el nombre de México se quede en el lugar de dignidad y orgullo nacional que le corresponde.