Diez millones

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Las elecciones del año próximo y la de 2018 ponen en juego no sólo gubernaturas y la Presidencia de la República, sino el país y el destino de los mexicanos. No son dos procesos electorales más para satisfacer aspiraciones políticas personales por muy legítimas que sean, tienen que ver con la recuperación del proyecto de nación y eso va más allá de cualquier aspiración personal.

En esta tesitura, los procesos que aspiran a recuperar el proyecto de nación deben ir más allá de los propios partidos, porque por si mismos no tienen la capacidad de emprender una tarea de esa magnitud, no es desde la mezquindad de partido cómo se debe enfocar la recuperación del proyecto de nación, tenemos que convocar a la sociedad, a los ciudadanos y a los propios partidos, pero no encubriendo las aspiraciones desde una representación partidista.

La aspiración es un factor consustancial y motivacional del ser humano, que empuja a las personas hacia metas y objetivos, sin embargo, cuando están relacionadas con el ámbito privado, las personas las resuelven a través de sus valores, principios, es decir, su ética, pero cuando tiene que ver con la lucha por el poder político, esas aspiraciones deben pasar por el escrutinio de la política, y ésta es una deliberación colectiva y en la que los intereses y aspiraciones personales no pueden estar por encima de los colectivos.

En el caso del presidente del Partido Acción Nacional, sabe bien que no es con la fuerza del partido cómo se deben construir las aspiraciones de nadie, tampoco manipulando la esperanza de muchos que queremos y aspiramos algo es que nos deben tener maniatados y sujetados.

Hoy el PAN está ante una gran oportunidad, la sociedad calificó y sancionó a los gobiernos emanados del PRI en las pasadas elecciones y hoy tiene claridad en que no se puede seguir por el camino que nos arrojó ese partido.

De manera histórica, el PAN ha tenido una mejor calificación por parte de la sociedad que el resto de los partidos, sobre todo fuera de relaciones clientelares muy usuales en el PRI y PRD, y hoy, con el resultado de las últimas elecciones, se vislumbra que la ciudadanía, haciendo uso de sus derechos democráticos, puede marcar diferencia.

Hoy tenemos que apostarle a las aspiraciones de la ciudadanía y no de quienes buscan una candidatura. En el PAN históricamente hemos puesto a la ciudadanía por encima del partido y está no va a ser la excepción.

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Antes de aspirar desde el partido se deben buscar las aspiraciones de la ciudadanía, que son la de un Estado democrático en el que no sólo interactúen entre sí los Poderes que lo componen y las instituciones públicas que lo integran, sino también con la ciudadanía.

En el PAN hoy tenemos que motivar las aspiraciones de la ciudadanía y no anteponer aspiraciones personales desde el partido, al que debemos mover todos como aspiración colectiva y no personal.

El problema actual del ejercicio del poder es que, llegado el momento, los políticos se dejan llevar por sus aspiraciones más que por el proyecto de nación, en el cual lo central debe ser la ciudadanía.

Porque aspirar por encima del partidor es pretende ejercer el poder sin la ciudadanía, creer que a la población no le ha sido necesaria su calidad ciudadana ni, por lo mismo, la democracia para vincularse con el poder.

Hoy la ciudadanía quiere acciones diferentes, sin abusos de poder, aunque las aspiraciones se amparen en los documentos básicos de un reglamento, estatuto o ley, sólo terminan siendo facciones.

En ese sentido yo planteo que el partido se abra a la sociedad, que sea la ciudadanía la que tome decisiones y, sin duda, que los instrumentos del partido se proporcionen en igualdad de circunstancias.

Evitar la fractura al interior del PAN debe ser la prioridad del CEN, no abrigar las aspiraciones de ninguno de sus integrantes; hoy no sólo con palabras o argucias basadas en coyunturas estatutarias se debe tratar a los panistas, sino con respeto a su propia inteligencia.

A Ricardo Anaya lo elegimos los panistas hace un año cómo presidente del partido, le encargamos que hiciera todo por llevarnos a buen puerto; no lo elegimos para que se hiciera, desde ese espacio, candidato a la Presidencia; si él quiere eso, que se lo comuniqué a la militancia que lo eligió y que tome ese camino, pero sin usar al partido en beneficio de sus aspiraciones personales.