Diez millones

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Uno de los principios de la democracia es la igualdad, sin ella, la democracia sería sólo un mecanismo parcial de participación en asuntos públicos y de gobierno, antes del 17 de octubre de 1953, en nuestro país la democracia era inequitativa, no era democracia, sólo una regla de elección al sólo poder participar en procesos electorales los hombres, así como en la Grecia helénica, sólo podían votar los ciudadanos, excluyendo la mujer y los esclavos, era pues una democracia de género parcial.

No obstante el logro el voto de la mujer y los claros avances en los diferentes ámbitos de la sociedad, el sistema patriarcal milenario parece que es ya inoperante, ya no puede ni podrá dar salida y solución a muchos de los problemas que tenemos como sociedad; por ejemplo la falta de democracia, la exclusión y discriminación, la impunidad, la cultura de la ilegalidad, la violación a los derechos humanos, son temas en los que estoy seguro de que desde los paradigmas de la mujer podrían ser abordados con mayor capacidad y criterio de igualdad, equidad y democrático, pues la mujer tiene más sensibilidad para no hacer distingos entre los hijos a la hora de distribuir el alimento o hacer valer las reglas de la casa.

Esta comprobado que las sociedades en las que las mujeres son reconocidas igual que los hombres tienen mayor nivel de desarrollo, justicia, democracia y bienestar.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Inegi en nuestro país el 43.8% de las personas ocupadas registradas en la economía nacional, son mujeres; durante 2014 fueron quienes ocuparon casi la mitad del total del personal ocupado.

Sobra mencionar la increíble capacidad de las mujeres, cuando, de acuerdo con el mismo Inegi, por cada 10 horas de carga total de trabajo remunerado y no remunerado realizadas por las mujeres, los hombres realizan 8.3 horas.

Según la revista Forbes, de las empresas con mejores resultados financieros, 20% tienen una mayor presencia de mujeres en posiciones de liderazgo, según datos del reporte anual Global Leadership Forecast 2014-2015, de la consultora Development Dimensions; en contraste, 20% de las empresas con menores resultados financieros mostraban un grado mucho menor de mujeres en puestos de liderazgo y añade que las mujeres por naturaleza y necesidad, son emprendedoras.  

No podemos aspirar a la justicia, la democracia, la igualdad y el bienestar si continúa negándose la capacidad y el aporte de la mujer al desarrollo del país.

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No podemos aspirar a ser una sociedad democrática si aún en nuestros hogares nuestros hijos presencian la violencia contra sus madres o hermanas.

No podemos aspirar a ser una sociedad justa si aún en la sociedad, en la escuela, el centro de trabajo, en las comunidades las mujeres no tienen el respeto a su dignidad por parte de todos.

No podemos aspirar a ser una sociedad moderna si el estado, las leyes y el gobierno no hace valer el respeto a las mujeres frente a quienes las osan violentarlas física, sicológica y socialmente.

El avance del país depende de que se reconozca la capacidad y el aporte de la mujer al desarrollo del estado, de sus municipios, de las familias y centros de trabajo; sin la mujer no hay democracia, sin la mujer no hay verdadero despliegue de las fuerzas de la sociedad para generar riqueza y bienestar.

Estoy convencido de que el modelo de sociedad instaurado milenariamente por los hombres ya no da para resolver los actuales problemas sociales, ya no sirve para analizar con equilibrio, sus causas y soluciones justas, equitativas; ya no da para tomar decisiones, llegar a acuerdos y poner en acción lo mejor de la inteligencia nacional.

La iniquidad contra la mujer tiene que ver con un modelo de estructuras económicas, familiares, políticas y hasta religiosas, que han colocado a la mujer en condiciones de desventaja, modelo que vamos a empezar a dejar atrás si una mujer gobierna al país.