Diez millones

Cuestión de religión

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Alemania está arrepentida, aunque quizá Angela Merkel siga defendiendo lo que hizo. Al importar cerca de un millón y medio de musulmanes ha creado un problema social de primera magnitud. Y de rebote ha roto el delicado balance en la Unión Europea. La salida de Gran Bretaña, el Brexit es una consecuencia.

Parte del problema en Alemania es que 80 por ciento de los refugiados musulmanes admitidos son varones entre los 18 y 35 años de edad. Con tanto soltero suelto sin pareja los problemas de ataques a mujeres se han acrecentado en forma notoria, aunque curiosamente las autoridades hacen todo para minimizarlo. 

Merkel aprovecha un sentimiento de culpabilidad de los alemanes contra toda forma de discriminación. Ella se va al otro extremo y en el afán de defender su decisión de abrir las puertas a migrantes musulmanes, principalmente sirios, ordena que su policía de haga de la vista gorda en los desmanes que provocan.

Me platica un amigo germano que una empresa abrió 900 puestos para dar trabajo a jóvenes sirios. Un año después, solo cinco de los 900 seguían trabajando. Los demás prefirieron vivir de gratis, gozando subsidios mensuales de alrededor de 400 euros; y otros beneficios como servicios de salud con cargo al aparato del Estado. 

Claramente algo no checa. Algo no funciona y el problema es mucho más serio de lo que podemos imaginar. Cuando Merkel los dejó entrar, violó leyes alemanas y europeas. En cambio, un oficial de migración en el aeropuerto iría a la cárcel por no exigir pasaporte. Como les dio entrada a toda Europa, los ingleses prefirieron salirse del pacto.

Otros países europeos también están en problemas con motivo de la invasión musulmana. Si observamos las banderas europeas, sobretodo de los países nórdicos, veremos muchas que utilizan una cruz, símbolo de su origen cristiano. Ahora países como Suecia está sufriendo resignadamente ataques terroristas de musulmanes nacidos allí que simplemente no se han podido aclimatar. Lo mismo ha sucedido en Francia y Holanda.

El politólogo italiano experto en democracia Giovanni Sartori nos dejó una opinión valiosa sobre este problema de los musulmanes en Europa.
Considera que Europa está metida en un desastre. Islam y Europa no combinan dice que dijo desde hace muchos años. El Islam es incapaz de evolucionar y adaptarse al mundo moderno. Fusiona religión con gobierno y esto es incompatible con el estado democrático. 

Europa está fundada “sobre la base de la soberanía popular”, mientras que Islam “pone la soberanía en Alá”. En más de mil 400 años de historia no se ha podido generar “un solo caso en el que la integración de musulmanes al interior de sociedades no islámicas haya resultado”. Los países árabes observa, no fabrican nada. Viven del petróleo, y siguen pensando igual que muchos siglos atrás.

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Rechazan nuestros valores ético-políticos y por tanto nunca podrán integrarse. En Inglaterra y Francia dice, “nos encontramos a una tercera generación de jóvenes islámicos más fanáticos y maleados que nunca”. Con las tecnologías de la destrucción a su alcance, esto se vuelve muy grave.

Verse en el espejo de lo que está pasando en Europa está sirviendo para que Estados Unidos endurezca sus políticas de migración. Allí vamos los mexicanos metidos realmente sin deberla ni temerla. 
Acá en México, nuestro desastre viene de que realmente no somos ni buenos cristianos ni buenos mexicanos, y por ende no ejercemos ni control social ni control legal de nuestras autoridades. No es porque tengamos religiones incompatibles, sino simplemente de que somos malos para copiar lo bueno y buenos para copiar lo malo. Como a los musulmanes, nos gusta lo fácil; como occidentales, todo lo que sea pecado.