Diez millones

Uberizar al gobierno

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Lo que hizo Steve Jobs con los teléfonos se puede hacer con el Gobierno. Un rediseño dramático, increíble y muy benéfico para todos. Y precisamente gracias a él.

Jobs diseñó y construyó el iPhone que nadie lo había imaginado siquiera. No se sabía que era posible algo así. ¿Cómo puedes imaginar algo que no tiene asidera en ningún recoveco de tu mente? 

Al ensanchar el mundo de lo posible el iPhone, que recién cumplió diez años, ha empezado a transformar muchos aspectos de la vida diaria. Los que antes cruzaban palabras con diez personas en un día en una oficina, ahora lo pueden hacer con cincuenta o más hasta el otro lado del mundo si lo desean. 

Esta revolución en la transmisión de información va a revolucionar el gobierno. Solo es cuestión de tiempo. La prisa depende de qué tanto lo requiere cada país y creo que el nuestro se debería apuntar número uno en la lista. 

Mi propuesta (a un lado la crítica) es que organicemos exploremos organizadamente este nuevo futuro. Se identificarían las instituciones de gobierno que pueden ser modernizadas o inclusive sustituidas gracias al poder del iPhone y sus muchos clones llamados Androids. Creo que el resultado nos sorpendería.

Esto no lo pido “al gobierno”. Al contrario, habría que escondernos del gobierno porque no hay borracho que coma lumbre y al gobierno no le gustará que los ciudadanos lo desplacemos. Estoy proponiendo un grupo de regios auspiciado por alguna organización o empresa privada que sea anfitriona.

Los gobiernos son enemigos del cambio porque se los permitimos. La Constitución nos da el derecho de escoger la forma de nuestro gobierno y si los ciudadanos no los cambiamos es por falta de imaginación y talento.  

Busquemos mejor en nuestro lenguaje diario al enemigo en casa. Necesitamos nueva terminología que capture nuestra imaginación y la ponga a jalar constructivamente.

Por eso hablo de “uberizar” al Gobierno. Creo que este nuevo verbo lo dice todo. Así como Uber quita a los intermediaros sanguijuelas que viven de los taxistas organizados por gente sin escrúpulos, “uberizar al gobierno” significa quitarnos capas y capas de grasa inútil en la estructura de gobierno. 

Es obvio en este caso que el Bronco pudo haberlo hecho y ya estaría amarrado para la presidencia, pero optó por seguir siendo rehén de la burocracia disfuncional y mal pagada y ahora totalmente inoperante y corrupta, como lo demuestra el caos de los penales.

Conclusión, uberizar al gobierno empieza con un ejercicio de planeación idealizada en un ambiente de libertad creativa para proponer y discutir y afinar el nuevo mundo de lo posible y deseable. Nótese que este nuevo lenguaje no cabe la idea de “participación ciudadana” actuando como parche del gobierno disfuncional. Tampoco estaríamos hablando de rendición de cuentas, otro concepto que es derogado por la uberización.

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La rendición de cuentas viene de la noción de mandato. Con la uberización ya no hay mandatarios, el sistema registra los movimientos en automático y los publica en tiempo real. Es como actúa el código de barras en el súper. El mismo movimiento lee, suma y carga la tarjeta, y tras el telón contabiliza, reduce inventario y ordena reponerlo. Todo automatizado.

Cuando el Gobernador admite que no tiene policías para garantizar la seguridad de los habitantes de la zona citrícola, se hace más urgente que el pueblo se auto-organice y se defienda. La uberización del Gobierno permitiría que esto sea producto de un análisis inteligente y ordenado. 

Así como vamos de mal, la falta de gobierno nos seguirá debilitando y carcomiendo. La rebelión citrícola no debe ser minimizada, sino aprovechada para apoyarlos y juntos construirnos otro futuro más esperanzador. La pasividad nuestra o del gobierno es contubernio con los delincuentes.