Diez millones

Gómez del Campo Mariana

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

Artículo publicado el 22 de febrero de 2016

México y Estados Unidos tienen una relación de enorme relevancia,  tan sólo si hablamos de vecindad compartimos una dinámica frontera de 3,142 km, en la que colindan cuatro estados estadounidenses y seis mexicanos, en el que habitan 83 millones de personas y donde se comparten números recursos naturales.

Aunque hay actores que lo critican, ambos países han fortalecido su relación comercial tras la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), es claro que el comercio bilateral ha representado una fortaleza para nuestro país. Actualmente, Estados Unidos es el principal destino de las exportaciones mexicanas, convirtiendo a México en su segundo socio comercial, lo que representa que cerca de 6 millones de empleos en la Unión Americana dependen del comercio con México.

Según los resultados emitidos por la Oficina de Censo de Estados Unidos, en 2013 habitaban en territorio estadounidense más de 33.6 millones de mexicanos, el mayor número de estos habitan en California con un total de 11.9 millones, seguido por Texas con 8.6 millones.

Los mexicanos representan una importante fuerza de trabajo, pues casi el 70% de los mayores a 16 años trabajan. Según datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, la actividad mexicana en dicho país representa aproximadamente el 8% de su PIB; cabe señalar que el 40% de las empresas de Fortune 500 fueron fundadas por inmigrantes, las cuales generan más de 10 millones de empleos, lo que confirma la importancia de la participación de migrantes en la Unión Americana.

Donald Trump es un empresario estadounidense que desde hace años ha estado ligado a agrupaciones políticas conservadoras como el Partido Republicano y el Tea Party Movement. Es un hombre que durante su carrera empresarial se ha destacado por su pragmatismo, mismo que está rompiendo los paradigmas convencionales de la derecha estadounidense: se ha declarado neutral ante el conflicto entre Palestina e Israel y ha enviado elogios al Presidente de Rusia, Estado tradicionalmente opuesto a la política exterior de Estados Unidos. En resumen, el precandidato republicano tiene posturas que van desde la izquierda radical hasta la derecha ultraconservadora, en un vaivén donde retoma el discurso nacionalista en la que resalta la improvisación.

Según la encuesta publicada por Real Clear Politics, de los precandidatos presidenciales republicanos, Trump se mantiene como líder con 34.2% de las preferencias. En las tres elecciones primarias que se han celebrado, dos las ha ganado Trump (New Hapshire y Carolina del Sur), lo cual fortalece su posición hacia el 1 de marzo, el “súper martes”, en el que doce estados celebran su primaria.

De ganar las elecciones, Donald Trump ha declarado que deportaría a 11 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos, lo que tendría serias repercusiones para ambos países, pero además se ha pronunciado por renegociar o denunciar el TLCAN lo que sin duda afectaría al comercio exterior, pues el valor de sus exportaciones fue de más de 283 mil millones de dólares en 2015, según la Secretaría de Economía.

Como país no podemos mantenernos expectantes ante las coyunturas internacionales, debemos establecer estrategias de prevención y ser proactivos. Sin duda ha hecho falta que nuestro gobierno se pronuncie en contra del discurso xenófobo de Trump, que alce la voz en contra de la discriminación y la difamación hacia nuestros connacionales y nuestro país.

Si bien es necesario que México deje de depender del mercado norteamericano diversificando las exportaciones, aprovechando al máximo nuestros acuerdos internacionales y las oportunidades que ahora representa la Alianza del Pacífico o que podría contener el TPP, la vecindad con Estados Unidos es una realidad y debe construirse bajo principios permanentes de confianza y cooperación. Pero para que ello rinda frutos es indispensable el respeto mutuo.

Es increíble que el discurso radical esté ganando tantos adeptos en Estados Unidos pero en buena medida ha cobrado fuerza gracias a que ha faltado contundencia para dejar en claro que ese es el camino incorrecto. Por desgracia, el discurso populista genera simpatías cuando las sociedades ni están plenamente satisfechas pero entraña enormes riesgos por la intolerancia, el agravio y la sinrazón de las que se nutre.

Frase: Como país no podemos seguir expectantes ante las coyunturas internacionales, la relación con Estados Unidos debe basarse en la confianza y el respeto mutuos. Nuestro gobierno debe ser contundente para censurar el discurso xenófobo de Trump.