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Gómez del Campo Mariana

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La Revista Forbes en 2012, lo colocó en el número 63 de los hombres más poderosos con una fortuna que alcanza los mil millones de dólares

Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, es el líder del Cartel de Sinaloa y el traficante de droga más poderoso del mundo, con una red que llega a 22 estados del país y a 43 ciudades tan sólo de América Latina; es responsable del ingreso del 25% de drogas a los Estados Unidos vía México; la Revista Forbes en 2012, lo colocó en el número 63 de los hombres más poderosos con una fortuna que alcanza los mil millones de dólares.

Cabe señalar que las autoridades estadounidenses lo consideran el enemigo público número uno por ejemplo en la ciudad de Chicago y el hombre más buscado tras la muerte de Osama Bin Laden.

La noche del 11 de julio de 2015, tuvo lugar uno de los hechos más bochornosos en la historia reciente del país, cuando el narcotraficante se fugó por segunda ocasión, ahora del Penal del Altiplano, con la complicidad de autoridades en un hecho indignante en el que el contubernio fue tal que sistemas de seguridad como la videovigilancia y sensores tanto subterráneos como de movimiento fueron desactivados o desatendidos, al grado de que nadie se percató del ruido que hacía un martillo mecánico y que no se cumplieron los protocolos de actuación ante evasiones de reos.

La noticia dio la vuelta al mundo, los diarios más importantes como The New York Times, The Washington Post, O Globo, El País, Clarín, Le Monde y The Guardian difundieron la nota, hecho que lesionó gravemente la imagen de México en el exterior. La Subprocuraduría Especializada en la Investigación de Delincuencia Organizada de la PGR informó que al menos 34 personas estaban implicadas, 29 de ellos ya han sido sentenciados a prisión, mientras el resto de ellos siguen siendo investigados o localizados.

Con la nueva detención del Chapo debería iniciarse una investigación muy profunda que lleve a conocer las implicaciones y los responsables de participar en un acto de corrupción tan delicado.

La fuga puso en tela de juicio la capacidad y lealtad del sistema de procuración de justicia y puso en crisis a un pilar del Estado, hoy la sensación de debilidad prevalece y queda manifiesta en la exigencia de que el delincuente sea extraditado ante un reconocimiento público de incapacidad. Ahora sabemos que la extradición requerirá de 4 a 6 semanas.

Al margen del proceso que siga el Chapo, el Gobierno Federal debería mostrarse volcado a sancionar con todo rigor la corrupción lacerante que nos llevó al ridículo internacional.

Llama la atención que la versión oficial indica que fue gracias a la intención del narcotraficante de hacer una película autobiográfica que se dio con su paradero. Esto habla de las motivaciones de un individuo que no vio límites en el poder del Estado para satisfacer su necesidad de reconocimiento. El combate a la delincuencia tiene que ver precisamente con esas motivaciones y con lograr que el Estado verdaderamente cuente con los instrumentos y con la eficacia para desincentivar la comisión de delitos y la expansión de los grupos criminales. Hoy, por desgracia, las señales son las peores.