Diez millones

Gómez del Campo Mariana

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El pasado 9 de diciembre (2015), la Cámara de Diputados aprobó la minuta de la Reforma Política del D.F. que ha vuelto al Senado de la República. El jueves pasado fue aprobada en Comisiones y muy posiblemente lo mismo ocurrirá en el Pleno. Una vez que eso ocurra, la reforma será enviada a las legislaturas de los Estados para que la respalden y entre en vigor. Estamos muy cerca de finalizar un proceso de debate que acumula prácticamente 25 años y en el que Acción Nacional ha sido un protagonista, ya que fuimos el primer partido en plantear la trasformación política de la capital.

El Distrito Federal a lo largo de su historia ha tenido una dinámica inversa al país, mientras el federalismo en México se fortalecía, en el D.F. el centralismo y la concentración de poder en el jefe de Gobierno se incrementaban gradualmente. Dejamos de tener municipios para, en su lugar, tener delegaciones. Figura que hoy está muy lejos de responder con eficiencia a las necesidades de 8.8 millones de habitantes y de millones más que son población flotante pero que gozan de los servicios públicos de la ciudad.

Por desgracia, hay una marcada brecha entre la reforma que deseábamos y la contenida en la propuesta enviada por el jefe de Gobierno que sirvió como base de la discusión. El espíritu de nuestra iniciativa era dotar verdaderamente al Distrito Federal de un régimen jurídico similar al del resto de las entidades federativas, con autonomía plena para las delegaciones, y con el propósito también de acercar al DF lo más posible a un estado, entendiendo que la ciudad enfrenta el reto de ser la capital. La reforma se quedó corta en materia de autonomía, los alcaldes (antes jefes delegacionales) seguirán sometidos a la voluntad del jefe de Gobierno para disponer de los recursos que les corresponden año con año.

 Hay elementos positivos, uno de ellos es que los capitalinos tendremos voz en las reformas a la Constitución. Era insostenible que siguiéramos siendo tratados como ciudadanos de segunda, marginados de hacer valer nuestra opinión a través de nuestra Asamblea Legislativa como sucedió en las recientes reformas estructurales aprobadas.

Otra acción que promovimos fue que el Gobierno de las delegaciones deje de ser unipersonal y se convierta en un Gobierno colegiado integrado por un alcalde y un concejo, en el cual estarán representadas distintas fuerzas políticas, y cuyos concejales estarán facultados, no sólo para exigir rendición de cuentas al alcalde, sino para fiscalizar su administración. Una demanda básica ante abusos, atropellos y omisiones de los cuales ya estamos hartos los ciudadanos.

 Sin embargo, muchos temas relevantes quedaron pendientes para ser incorporados en la Constitución local dado que los demás partidos no tuvieron la voluntad de discutirlos para incluirlos en el Artículo 122 constitucional. Dado que la Constitución local, será una pieza clave para el futuro de la Ciudad, buscamos que sea redactada por personas específicas, 100 diputados que no cobrarán por el desempeño de su función; 60 de ellos electos popularmente por los ciudadanos, 14 senadores, 14 diputados federales, 6 personas designadas por el Presidente y 6 personas designadas por el jefe de Gobierno. La Constitución de la Ciudad es la pieza clave de esta transformación.

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Si bien es cierto, esta reforma no es la ideal, es un paso para que los capitalinos vivamos mejor. Abre la puerta para contar con Gobiernos más eficientes, reglas más claras, con mejor rendición de cuentas y contrapesos, y una Constitución ya no centrada en el Gobierno sino en los ciudadanos.

Vamos a seguir insistiendo para que las delegaciones cuenten con una verdadera autonomía que se traduzca en mejores servicios para cada colonia. No quitaremos el dedo del renglón para que contemos con órganos autónomos que nos ayuden a poner orden en la política social y a favor de la rendición de cuentas y de la participación ciudadana; y un tema fundamental, en que se asuma como indispensable contar con una verdadera visión metropolitana. Reitero, éste es apenas el primer paso dado, aunque insuficiente, confiamos en que permitirá cambiar el rostro a la ciudad en las próximas décadas.