Diez millones

Gómez del Campo Mariana

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La reforma constitucional en materia educativa, cuyo contenido fue producto del consenso entre legisladores de todas las fuerzas políticas, fue publicada el 26 de febrero de 2013, hace casi tres años. Uno de los ejes rectores de la reforma es la evaluación educativa, tanto de los estudiantes como de los docentes.

Desde los primeros debates para reformar el sistema educativo de nuestro país, se planteó que, tanto el ingreso al servicio docente como la promoción de los maestros a funciones directivas o de supervisión, sea mediante concursos de oposición poniendo énfasis en los méritos y el desempeño de los maestros, rompiendo el esquema de plazas que podían heredarse. El espíritu fue que la educación de nuestras niñas y niños jamás volviera a ser vista como patrimonio de alguna persona o sindicato sino como el derecho humano que es.

Repensar el sistema educativo era una urgencia, sobre todo cuando la mayoría de los estudiantes que termina la educación media superior, o no cumple con los parámetros mínimos para alumnos que cursan la educación básica en áreas primordiales como las matemáticas y la lectura, o tiene apenas un dominio elemental de ellas. México en ambas asignaturas está reprobado.

La evaluación docente está diseñada para saber la capacidad y preparación de nuestros maestros, no con un ánimo punitivo, sino con uno constructivo. Tiene dos ventajas enormes, tanto para los maestros como para el país: (1) premia el desempeño, por lo que los maestros cuyos resultados sean sobresalientes tendrán un reconocimiento por ello, con un aumento a su salario e incentivos para ser promovido a puestos directivos o de supervisión; y (2) ayuda a los maestros cuyos resultados no sean satisfactorios, pues en esos casos, los docentes tendrán el derecho y la oportunidad de recibir ayuda por parte del Estado para mejorar su desempeño.

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A pesar de la resistencia de grupos que defienden el esquema del pasado, velando por conservar privilegios que son ajenos a la educación, la evaluación educativa avanza gracias a que la inmensa mayoría sí tiene voluntad; permitiendo que nuestro sistema educativo migre hacia un esquema transparente que permita tener un diagnóstico claro.

La educación es la piedra angular de nuestra sociedad, la evaluación es un elemento clave pero este debe ir acompañado de la reestructura de los planes de estudio (por ejemplo, con la reincorporación de materias que fueron desaparecidas como ocurrió con Civismo), de la inversión en infraestructura, de nuevos métodos de enseñanza y del aprovechamiento de la tecnología para el aprendizaje. Todo esto sigue siendo tarea pendiente. Este Gobierno debe entender que las reformas en papel de poco sirven si no son traducidas en hechos. No hay mejor inversión y apuesta al futuro que la educación.