Diez millones

Gómez del Campo Mariana

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La Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (denominada COP-21, por ser la 21ª reunión de los estados parte de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, adoptada durante la Cumbre de Río de Janeiro, en 1992), se llevará a cabo a partir de esta semana hasta el 11 de diciembre en la ciudad de París, Francia. En ella se discutirán las medidas que serán incluidas en un nuevo tratado internacional sobre cambio climático, aplicable en todo el planeta y obligatorio para todos los países, con la mira puesta en mantener el calentamiento global dos grados por debajo para finales del siglo XXI.

La delegación mexicana llevará varios compromisos a las mesas técnicas de negociaciones, entre las que están: (i) reducir 22% la emisión de gases de efecto invernadero para 2030; (ii) tasa de deforestación cero en 2030; y (iii) aumentar la capacidad de los 320 municipios más vulnerables del país.

Lamentablemente, en México padecemos una profunda crisis de civismo y conciencia aparejado de autoridades que no están cumpliendo a cabalidad con sus obligaciones. La corrupción y la cultura de la ilegalidad, la opacidad y la falta de rendición de cuentas nos afecta en todos los sentidos y esferas, desde nuestra vida diaria y precisamente hasta en la agenda ambiental.

La educación ambiental sigue siendo un pendiente. El Gobierno federal no ha implementado campañas nacionales de difusión sobre la importancia de cuidar el medio ambiente; son más la excepción que la regla las acciones para detener y sancionar a quienes atentan contra el medio ambiente, deforestan nuestros bosques o quienes permiten la construcción de vivienda en reservas ecológicas.

Además, padecemos la falta de mecanismos de regulación homogéneos. Por ejemplo la verificación vehicular para contener la emisión contaminante no funciona en todo el país ni lo hace de manera estandarizada; sigue siendo una costumbre que nuestras calles y avenidas estén repletas de camiones humeantes sin que las autoridades actúen.

Para cumplir con los compromisos que la delegación mexicana pondrá en la mesa, necesitamos el compromiso de todos los niveles de Gobierno y que cada persona repiense su papel.

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Requerimos una Procuraduría Federal de Protección al Ambiente fuerte, con presupuesto suficiente para cumplir con su misión y con servidores públicos comprometidos y que apliquen la ley sin dudarlo.

Necesitamos una Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas que no tenga en el abandono a nuestro país y que cuente con un titular que haya sido nombrado por su capacidad en materia ambiental y no por su amistad y lealtad política.

Urge que en México tengamos a empresarios que adviertan que el cambio climático es una realidad que no debe ser ignorada y que se comprometan desde su trinchera a reducir sus efectos.

Necesitamos en nuestro país a emprendedores que busquen idear e implementar propuestas empresariales y políticas públicas cuyo objetivo sea migrar del uso de energía proveniente de combustibles fósiles a fuentes de energía renovable.

En México debe generarse conciencia social y ambiental. Los ciudadanos debemos ser receptivos sobre las graves consecuencias que tiene la contaminación para todos. Nuestro planeta es una sola casa para todos, no hay distinción ni de fronteras ni de nacionalidad.