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Gómez del Campo Mariana

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¿Estamos listos para la legalización total?

Tratándose de un tema de salud pública se impone la responsabilidad, dice Ana Lilia Herrera; Mariana Gómez del Campo llama a tener un debate plural en el que se evalúen a fondo argumentos científicos; Alejandra Barrales pone sobre la mesa algunas de las muchas interrogantes que se abren sobre el tema.

Según un estudio de Parametría, el 77 por ciento de los mexicanos encuestados está en contra de la legalización de la marihuana y el 78 por ciento se opone a que sea utilizado con fines recreativos; es por ello que debemos procurar tener un debate plural en el que se evalúen a fondo argumentos científicos.

No se busca restringir libertades sino considerar el impacto que podría tener en la sociedad mexicana; en Uruguay, donde la marihuana es legal desde el año 2013, el 17 por ciento de los menores de edad de entre 13 y 17 años declararon haber consumido marihuana entre 2013 y 2014, según datos del Observatorio Nacional de Drogas.

Afirmar que la legalización de la marihuana eliminará el mercado negro y por ende la violencia es un argumento falso, lo mismo puede verse respecto al orden. Según datos oficiales de Uruguay, cuando en 2013 se abrió la etapa de registro para cultivar marihuana para consumo propio, cerca de mil 300 personas se inscribieron, sin embargo, la Asociación de Estudios Cannábicos de Uruguay estima que al menos diez mil personas cultivan marihuana en sus casas, por lo que pese a su legalización sólo el 13 por ciento de quienes la cultivan se ha registrado.

El Reino de los Países Bajos es muchas veces asumido como un “ejemplo” o modelo de legalización sostenible, pero a la luz de los últimos años es un “adelantado que va de regreso”, según lo califica Héctor Aguilar Camín.

En la década de los años setenta el país europeo vivió un serio problema con las drogas ilícitas, por lo que en 1976 implementó una “política de tolerancia” distinguiendo entre drogas duras (heroína, éxtasis, cocaína, opio, anfetaminas y LSD) y drogas blandas (cannabis, hongos alucinógenos y drogas sedativas).

Sin embargo, las autoridades modificaron paulatinamente su posición acotando las libertades de consumo debido al surgimiento del “narcoturismo”, pues los extranjeros visitaban Países Bajos para consumir de manera libre cannabis en los coffee-shops y llegaron a representar el 70% de los consumidores anuales de esta droga.

En 2012, el Gobierno restringió el consumo a los extranjeros mediante la implementación de membresías denominadas “Wietpas” sólo a residentes legales. Contempló sanciones a coffee-shops que no cumpliesen con disposiciones más estrictas y se cerraron alrededor de 250 establecimientos, entre ellos algunos que se encontraban cerca de centros educativos.

Al margen de las implicaciones legales, no debemos perder de vista la perspectiva de salud: la marihuana abre la puerta al consumo de otras drogas ilícitas. Según datos de los Centros de Integración Juvenil A.C., el 79.3 por ciento de los usuarios de marihuana reportó el consumo de dos o más sustancias ilícitas, por lo que el consumo legal de cannabis podría incrementar el número de personas adictas y por ende, mantendría el mercado negro del narcotráfico.

Por estas razones es que el debate sobre la legalización no es en absoluto un tema que deba abordarse a la ligera. Por fortuna, ahora contamos con la experiencia de los Países Bajos y Uruguay que nos permiten analizar lo ocurrido; pero el punto de partida y el final son el mismo: el interés y bienestar de las generaciones presentes y futuras.