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Gómez del Campo Mariana

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Artículo publicado en diciembre de 2015

La publicación del nuevo Reglamento de Tránsito que entrará en vigor hasta diciembre próximo requiere de un análisis profundo.

Por un lado, contiene una serie de medidas que son un acierto. La principal es contemplar como dos de sus ejes rectores a los peatones y acrecentar la seguridad de las personas. Esto permitirá que se eviten accidentes viales que se han convertido en la principal causa de muerte de personas entre los 15 y los 29 años de edad; además, implica que más de 8 mil personas al año sufran lesiones. Un dato que alarma es que los accidentes en camionetas de pasajeros aumentaron 193% por ciento en 2011; y 141 por ciento más en autobuses según datos del INEGI y del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes.

Confiamos en que estas nuevas reglas cambien esta situación. También se contemplan medidas con mayor detalle a favor del adecuado uso de bicicletas, motocicletas, de las unidades de emergencia y a favor de reducir la contaminación auditiva.

El otro lado de la moneda, son las fallas de origen que tiene el Reglamento. La principal es que al elevar las multas, la corrupción también irá a la alza. Nada garantiza que los Policías de Tránsito (e incluso aquellos que no lo son pero que abusan con el uso de patrullas y motocicletas) tendrán más herramientas para “negociar” una mordida a cambio de no imponer una multa costosa.

Otra deficiencia grave es que no existe una visión metropolitana al respecto. Por lo que se garantiza la anarquía y la confusión en los 59 municipios y 16 delegaciones que convergen en la Zona Metropolitana. El caos se mantiene porque –por ejemplo- quienes no obtengan su licencia en el DF podrán hacerlo en el Estado de México o viceversa, por lo que el esquema de puntos para retirar la licencia seguirá siendo una buena intención.

Según especialistas, el reglamento se ha quedado corto porque no se sanciona a los ciclistas (por ejemplo, a aquellos que no respeten los semáforos o las banquetas), tampoco se garantiza que la contratación de una póliza de seguro por daños a terceros se convierta en realidad.

La implementación del nuevo reglamento debe de ir acompañada de dos acciones contundentes: una campaña eficaz de concientización para todos quienes transitamos en la ciudad y, por otro, de una transformación profunda en la Policía de Tránsito para que deje de ser un nicho de corrupción y dar paso a una institución que promueva el orden y la armonía.

Frase:
Se desaprovechó esta oportunidad para transformar de fondo la Movilidad en el DF. Lo único garantizado es el alza en la corrupción.