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Cárcel, ¿promesa electoral?

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¿Otro gobernador más en la cárcel es sinónimo de cumplimiento de la ley y combate veraz al delito?, ¿es legítimo y útil ofertar al electorado la pena de prisión para el adversario político? Nuestra democracia reclama un sistema de rendición de cuentas de los gobernadores, pero tengo dudas que vaya por buen camino, cuando busca la venganza pública e intenta legitimarse con las rejas de una penitenciaría.

Destino y coincidencia quisieron que a Tomás Yarrington, el ex gobernador tamaulipeco, lo atrapara la policía italiana en la bellísima ciudad de Florencia, y precisamente en plaza Beccaria, nombrada así en honor del noble italiano César Bonesana, marqués de Beccaria (1738-1794) que escribió la famosa obra De los delitos y de las penas, cuya conclusión es conocidísima en el mundo del derecho penal: "...para que una pena no sea una violencia de uno o de muchos contra un ciudadano particular, debe ser esencialmente pública, pronta, necesaria, la menor de las penas posibles en las circunstancias dadas, proporcional a los delitos y dictada por las leyes...".

El texto de Beccaria es un alegato contra la tortura y la pena de muerte; Alejandro Verri, protector de presos, animó al célebre milanés a escribirlo para "humanizar" las leyes criminales y las condiciones de los encierros de la época.

Siguiendo los trazos de Beccaria, podemos lanzar las siguientes preguntas sin ánimo de abogar por la impunidad de cualquier delincuente. ¿La detención de Tomás Yarrington fue "pronta"?, ¿son "esencialmente públicos" o "puramente mediáticos" los procesos penales contra los ex gobernadores Javier Duarte y César Duarte?, ¿la pena es "proporcional" al delito cuando se encarcela también al hijo de Guillermo Padrés, ex gobernador de Sonora?, ¿Rodrigo Medina, ex gobernador de Nuevo León, ya cumplió con una foto tras los barrotes?, ¿fue la "pena menor" la de Mario Villanueva, ex gobernador de Quintana Roo?, ¿está dictada "por la ley" o por la "necesidad electoral" priista la actual detención a Elba Esther Gordillo?, ¿cuánta sed de sangre de los adversarios políticos anima o "necesita" nuestra justicia?, ¿cuántos anti-Beccarias promueven y dictan órdenes de aprehensión movidos sólo por intereses políticos? ¿Puede enfrentarse el delito con aplausos y ovaciones sociales?

Seguir por esa ruta es peligroso. ¿Con quién va a parar? ¿Dónde y cuándo quedará satisfecha esa indignación que reclama reclusos y mazmorras? ¿En un calabozo para Enrique Peña? Sólo desde la candidez se puede ocultar la intención política que persiguen las conclusiones a las que llegó el Programa de Política de Drogas del CIDE, cuando advierten un "índice de letalidad" de los operativos de las Fuerzas Armadas. Eso lisa y llanamente es una acusación de asesinato masivo. Buscan "acreditar" un genocidio. Lo que sigue será el reclamo de meter en un presidio a mandos militares y/o a sus jefes políticos.

La sentencia de Beccaria en aquel libro fue clara y contundente: "es mejor prevenir los delitos que penarlos". Esa es la ruta a seguir para luchar eficientemente contra la delincuencia y la corrupción. La celda puede dar votos, pero una justicia del desquite no edifica Estado de derecho y no dejará títere con cabeza. Los carceleros de hoy podrán estar cautivos mañana.

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Panista y lopezobradorista.- ¿Una persona puede ser panista y lopezobradorista? Simultáneamente creo que no, pero sucesivamente tengo un ejemplo: Bernardo Bátiz Vázquez. Publicó un libro: Humanismo cristiano y capitalismo (Porrúa), "especie de declaración personal de principios" y "justificación de mis acciones políticas...más cercanas al centro que a los extremos"; cuyo objetivo principal, "es probar que el catolicismo y el materialismo capitalista son antagónicos".

Aunque no comparto sus conclusiones, porque creo al catolicismo como fuente de libertad individual y social; celebro que un hombre público no esconda su fe con simulaciones, hipocresías o falsos laicismos. Fingir convicciones es la primera corrupción. Desgraciadamente cada vez son menos los políticos atentos a confrontar los motivos íntimos de su tarea. Bernardo Bátiz, hombre decente, es una honrosa excepción.