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Desarrollo inmobiliario voraz

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Las enormes edificaciones cada vez son más frecuentes en el paisaje capitalino

La salud del desarrollo urbano en la Ciudad de México es de pronóstico reservado. Crecimiento inmobiliario ávido, leyes flexibles y hechas a modo, corrupción cancerígena en la administración pública que permite la constante violación al uso de suelo, son sólo algunos de los síntomas que ponen en evidencia una salud grave y delicada, donde salen perdiendo los ciudadanos.

El boom inmobiliario del que ha sido testigo la Ciudad de México es una característica inherente de una metrópoli que carece de reglas firmes para controlar y regular el crecimiento de las enormes edificaciones que cada vez son más frecuentes en el paisaje capitalino.

Reflexiones al margen. El crecimiento inmobiliario per se no debería ser sinónimo de una ciudad enferma, por el contrario, debería representar la bonanza y estabilidad económica como polo de crecimiento comercial. Una sana convivencia con entre ciudadanos y desarrolladores. Pero en México esto no es así.

Por el contrario, cada nuevo edificio que se levanta en una colonia de vocación habitacional despierta las más altas sospechas. ¿Cómo se consiguen los permisos para levantar monstruosos edificios, que superan los pisos permitidos, que violan el uso de suelo? La siembra de documentos como práctica corrupta en los archivos delegacionales.

Los principales reveses a las violaciones en materia de desarrollo urbano son una victoria, no de las autoridades, sino de la sociedad.

Los grupos vecinales organizados. La demanda pública. La defensa a su suelo. Son los ciudadanos quienes se han organizado para evidenciar la podredumbre de las gestiones delegaciones que permiten el crecimiento desorganizado.

Han sido los ciudadanos los más preocupados por señalar los albazos cuando se trata de cambiar un plan de desarrollo urbano. Son quienes señalan las leyes reformadas en beneficio de los constructores y en detrimento de la ciudad.

La regulación en la materia no es prioridad cuando no está alineada a los intereses particulares.

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Recientemente, la Asamblea Legislativa local determinó mandar a la congeladora la revisión al Programa General de Desarrollo Urbano de la Ciudad de México.

Quieren hacer foros y reuniones para escuchar a especialistas y organizaciones civiles. Será interesante observar quiénes son invitados y qué intereses representan en realidad.

El sano crecimiento y desarrollo urbano de nuestra ciudad depende de un equilibrio y respeto de la normatividad. Que ésta responda a los intereses de la ciudad y no de los desarrolladores. Sociedad e iniciativa privada en concordancia impulsando el progreso de la capital del país.

Construyamos la ciudad del futuro. Gobierno y sociedad, con leyes fuertes que no sean omitidas por las inmobiliarias. Con autoridades con voluntad de sancionar y castigar. Con ciudadanos dispuestos a evidenciar la corrupción y la violación a la norma.

Hagamos del pronóstico reservado un dictamen saludable de nuestra ciudad.