Diez millones

En la Asamblea Legislativa no tembló

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Han pasado 19 días desde el terrible sismo que nos marcó, arrebató más de 200 vidas en la ciudad y que nos recordó la fragilidad de la existencia humana frente al poder de la naturaleza.

Hemos sido testigos de las muestras de solidaridad y humanidad más nobles y loables, de personas usando sus manos desnudas para rescatar a alguien debajo de los escombros, del respaldo internacional para el salvamento y reconstrucción, de la mezcla de voluntades para salir adelante.

Desafortunadamente, también se nos ha mostrado la cara más vil de quienes buscan aprovechar la tragedia para sacar ventaja personal o política. De quienes lucran con la desdicha para proteger a quienes no hicieron el trabajo que les correspondía o quienes hoy se niegan a investigar las responsabilidades por lo edificios derrumbados y vidas perdidas.

Así vemos hoy a los diputados de la Asamblea Legislativa, a quienes aparentemente no les tembló, vamos, ni el piso se les movió, y ahora están más preocupados por protegerse unos a otros, como a sus compinches de las jefaturas delegacionales.

Tal es su cinismo que hoy se ve con claridad cómo pusieron en operación un presunto acuerdo de no agresión entre ellos, pero principalmente a sus colegas en las delegaciones de la ciudad, en donde la corrupción y voracidad inmobiliaria son el principal motivo de la pérdida de vidas, pues toleraron las edificaciones ilegales, fuera de permiso, violentando los usos de suelo.

El silencio de los legisladores es tal que sorprende que hoy sean, prácticamente, los únicos actores fuera de escena. Desparecidos. Se han tomado muy en serio aquel dicho que reza que mucho ayuda el que poco estorba.

No han sido capaces de impulsar, desde la tribuna legislativa, un mecanismo de apoyo a los damnificados, más allá de la pantomima de ocurrencias y declaraciones vacías. Son meros espectadores que hoy deberían tener un rol mucho más efectivo y eficiente, dentro de sus facultades.Hoy podrían estar sumándose al importante esfuerzo del Instituto de Verificación Administrativa para coordinar la revisión documental, legal y física de los inmuebles. Pero prefieren protegerse y usar la tribuna para cuestionar a todos, menos a ellos mismos y a sus delegados.

Al no tener la altura para pedir la revisión de las irregularidades en materia de urbanismo en las delegaciones, mejor optaron por no ser incómodos y dejar responsabilidades para otro día.