Diez millones

Resiste CDMX

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El sismo más intenso que muchos mexicanos hemos experimentado desde 1985 hará que el 7 de septiembre sea una fecha que quede marcada en nuestra memoria 

Me solidarizo con los damnificados y admiro el valor de los ciudadanos. En memoria de las 64 víctimas fatales —al momento y la preocupación de que el número se incremente— por el poderoso sismo del pasado 7 de septiembre.

Se ha informado que el movimiento telúrico fue el más potente de los últimos 100 años, con una intensidad de alrededor de 8.2 grados en escala Richter.

No sé si la medición se mantenga o se ajuste con el paso de los días, pero, sin lugar a dudas, se trata del sismo más intenso que muchos mexicanos hemos experimentado desde 1985, lo que hará que esta fecha quede marcada en nuestra memoria.

Pese a que el sismo fue de mayor intensidad que el de 1985, hay diversos factores que, explican los especialistas, influyeron en que los efectos no fueran tan devastadores, como lo es el lugar de epicentro, la distancia respecto a la ciudad y la profundidad en la que se origina.

Tal vez factores fortuitos que hoy significan una cifra de dos dígitos de muertos y no de siete como hace 32 años. Sin embargo, toda pérdida humana es lamentable y el luto nacional es, por demás, menester para recordarnos el poder de la naturaleza y lo ínfimos que somos ante ella.

Si bien la cultura de la prevención, derivada de la tragedia de 1985, ha servido para prepararnos mejor y ser más conscientes, nuestro planeta nos recuerda que nada nos puede alistar para su magnífico poder para crear y para destruir.

De la misma manera, los mexicanos hemos demostrado que la solidaridad es el único pensamiento que siempre nos unirá.

A los ciudadanos nos pueden dividir las ideologías, las filosofías, los partidismos. Sin embargo, con la misma convicción, nos une el apego con nuestros hermanos de nacionalidad. La respuesta y el apoyo no se han hecho esperar, la ayuda está llegando a las zonas más afectadas de Oaxaca y Chiapas —lugar del epicentro— y más va en camino.

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En la Ciudad de México, el gobierno capitalino mostró  capacidad de respuesta a emergencias. La cultura de la prevención ha tomado una gran relevancia en las últimas décadas. Nos hemos formado e informado mejor y nos preparamos para la catástrofe, o al menos eso intentamos, pero sí somos más conscientes del poder de los eventos naturales y reaccionamos mejor. La ciudad se mantuvo conectada, aeropuerto, metro y vías primarias. El suministro de energía fue restablecido con velocidad. La alarma sísmica funcionó perfecto.

Otra lección importante que nos dejó aquel 1985 es el que los mexicanos nos sobreponemos, resistimos y continuamos. Nos levantamos de la tragedia, hacemos saldo de los daños propios e inmediatamente estiramos la mano para ofrecer nuestra ayuda. Somos un pueblo siempre unido y ante la desgracia lo demostramos. Recibimos las muestras de solidaridad de otras naciones, que históricamente han recibido nuestra ayuda cuando la tragedia los alcanza.

Anhelo que la cifra de muertos no incremente en una sola persona más. No me queda más que desear que no se repita la tragedia y lanzar un exhorto a que todos sigamos apoyando a los damnificados. La ayuda nunca será suficiente y siempre será bienvenida. Es momento de mostrar nuestra verdadera identidad, que es la generosidad.