Diez millones
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La inversión más exitosa de un buen gobierno

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El principal objetivo de un gobierno es el de generar desarrollo social a través de políticas públicas orientadas a defender los derechos humanos.

Soy una convencida de que es fundamental que cualquier nivel de Gobierno establezca una política pública social institucionalizada y transparente, que rinda cuentas y pueda ser monitoreada y evaluada por la población. Son las  políticas públicas sociales las que generan los “cómo” se garantizan los derechos humanos consagrados en la Constitución de la República. Los derechos humanos constituyen el fundamento de la equidad y la igualdad, desde el punto de vista de la inversión social son un imperativo ético insoslayable. Si lo enfocamos desde la perspectiva política, tenemos que la inversión social es uno de los mejores instrumentos para traer cohesión social y por ende, gobernabilidad democrática.

Cuando la inversión social es insuficiente, los niveles de inequidad y pobreza profunda se acentúan, y esto constituye el debilitamiento de la democracia. Cuando se invierte en la gente se detonan el crecimiento económico y productividad, se apuntala el capital humano y esto conlleva a mejorar las condiciones de vida de la población.

“Se entiende como desarrollo, la condición de vida de una sociedad en la cual las necesidades auténticas de los grupos y/o individuos se satisfacen mediante la utilización racional, es decir sostenida, de los recursos y los sistemas naturales (ONU).” En términos llanos, lo que esto quiere decir es que cuando un gobierno genera desarrollo a través de políticas públicas específicas, los bienes y los servicios se vuelven accesibles al grueso de la sociedad. Hay una mayor integración social y económica y en consecuencia se reduce de manera importante la existencia de personas viviendo en condiciones de marginalidad. 

Por otro lado, el mismo desarrollo se convierte en un puente de acceso a los servicios sociales y a la participación social activa. En el caso de los servicios sociales esto refiere a los sistemas de educación, y a la satisfacción de las necesidades básicas de un individuo como son alimento, vivienda, vestido, salud y seguridad. Por cuanto a la participación social activa nos remitimos a la capacidad del individuo y de las instituciones sociales para garantizar que las agrupaciones de poder actúen como intermediarios entre los sujetos y actores en la toma de decisiones, es decir, que el individuo deja de ser sujeto pasivo y se convierte en ciudadano no nada más de nombre, sino en todo lo que implica la plenitud de su investidura, y esto impacta en la toma de decisiones del Gobierno en turno, a su favor.

El desarrollo, subrayo, es básicamente un proceso de vida que les permite a las personas contar con alternativas para su realización como tales. Las aspiraciones de las personas pueden ser muchas, pero fundamentalmente se refieren a tres, en términos del PNUD: la búsqueda de conocimientos; la posibilidad de tener una vida prolongada y saludable; y tener acceso a los recursos que permitan un aceptable nivel de vida.

Es a partir de estas tres finalidades que se derivan muchas otras. El desarrollo humano incluye dos facetas complementarias: la formación de las capacidades humanas y el que esas capacidades puedan ser ejercidas en las diferentes esferas de la vida: económica, social, cultural o política. 

Esto es algo de lo que no se han ocupado los Gobiernos tricolores en nuestro País y Coahuila no es la excepción. Porque su misión nunca la han querido entender, se engolosinaron con su estancia en el poder y marginaron del desarrollo a muchas generaciones de coahuilenses para tenerlos a su entera disposición en los procesos eleccionarios, los han utilizado como si fueran cosas, pasaron por encima de su dignidad, los convencieron de que ni siquiera la tienen. Y esto es una perversión imperdonable del sistema, no sólo político, sino de vida, que impusieron en tantas décadas de ejercer el poder SIN CONTRAPESO ALGUNO. Estas personas son el grueso de su voto duro, la otra parte la conforman con el magisterio y la burocracia a la que mantienen en vilo, con la amenaza permanente de la pérdida de la plaza laboral. Completan su haz con la complicidad de quienes se han hecho ricos y más ricos a la vera de los “jugosos” negocios que han realizado en perfecta “hermandad”, me refiero a los empresarios sin escrúpulos.

El 4 de junio tendrá usted la oportunidad de modificar el destino de nuestra amada tierra. Es tiempo de privilegiar la inversión en las personas.

El priísmo ha tenido por décadas la oportunidad de servirle a nuestra casa, pero la mezquindad y la voracidad han sido más grandes que el amor que le deben a la tierra de sus padres. Usted decide si les permite seguir medrando del patrimonio de usted y de sus hijos, o los echa fuera con el ejercicio de su voto libre y secreto en las urnas.