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La sumisión es incapaz de producir un desenlace venturoso, el pragmatismo ramplón siempre se equivoca y la soberbia anula la posibilidad de la enmienda

Dos libros de reciente publicación son, a juicio mío, lectura obligada para entender el drama que vive México. Me refiero a Cárdenas por Cárdenas (Debate-PRH, México, 2016), la biografía del general realizada por el ingeniero, y a Encabronados (TdeH-Planeta, México, 2017), una crónica de las causas y los efectos del enojo mexicano escrita por Julio Hernández López. El careo entre el recuento histórico de aquel pasado y el escrutinio periodístico de este presente muestra una mutación que trasciende circunstancias temporales y nos lleva inevitablemente al contexto de la ética y la entereza del estadista. De los muchos contrastes que ilustran el abismo entre los gobiernos de Lázaro Cárdenas y Enrique Peña Nieto, uno de ellos me parece emblemático: el que deriva de cotejar el capítulo 19 de la obra de Cuauhtémoc y la segunda parte de la de Julio. Veamos.

Cárdenas no es resultado de la mirada de un hijo sobre su padre sino, en todo caso, de la de un político sobre su referente. Y aunque es obvio el sesgo de admiración, también lo es el empeño de documentación bibliográfica y de rigor factual, que por cierto se beneficia del sello de la casa, la circunspección e inexpresividad cardenistas. No olvidemos que la objetividad plena es inasequible y sobran evidencias de que, exabruptos aparte, es mejor el biógrafo que tiene simpatía por el biografiado que aquel que le profesa antipatía. Por lo demás, no se trata de una biografía intelectual; perderá el tiempo quien busque referencias sobre nuestros pensadores vigesémicos -contiene apenas un par de menciones fugaces de Vasconcelos, por ejemplo- y quien quiera enterarse de las lecturas o los autores que influyeron en el general. Pero se verá ampliamente recompensado el que incursione en sus más de 700 páginas para descubrir entretelones fascinantes de la complejísima vorágine de la Revolución y la posrevolución y pistas invaluables sobre la personalidad de don Lázaro. Y algo muy importante: si bien hay omisiones, no hay mentiras ni verdades a medias. No podría ser de otra manera: Cuauhtémoc Cárdenas es un hombre de una sola pieza, que ha dado múltiples pruebas de integridad. Al biografiar a su padre priorizó, sí, su lado luminoso, pero en él se apegó a los hechos, sin falsearlos ni sobredimensionarlos.

¿De qué trata el capítulo 19? De la expropiación petrolera, por supuesto. No hay en la historia de México, con excepción de la conducta de Benito Juárez durante la intervención francesa, un capítulo tan honroso en la defensa de nuestra soberanía. El presidente Lázaro Cárdenas dio cátedra en ese episodio de dignidad, valentía e inteligencia. Ante la insolencia prepotente de las empresas petroleras actuó con firmeza y con sagacidad. He aquí, dicho sea de paso, la gran aportación de Cárdenas por Cárdenas: enseña la faceta menos estudiada de Cárdenas del Río, que es su astucia. Con todo el poder que acumuló y pese a la ausencia de contrapesos, el político prevaleció sobre el militar, poniendo sobre la mesa el ajedrez y no la pistola. Su gobierno fue el punto de inflexión en que la era posrevolucionaria dejó atrás el asesinato como instrumento políticamente válido.

Encabronados, por otra parte, es un extraordinario retrato de la degradación mexicana. Rara avis de nuestro periodismo por su honestidad profesional, por su lenguaje pulcro y su ironía fina, Julio Hernández traza una cronología ignominiosa que va del gasolinazo a los desfiguros de partidos y actores políticos. Puesto que no es un periodista de consigna ni de militancia, y como lo hace en su columna, no deja títere con cabeza. El epicentro de su análisis es el gobierno peñanietista. El lector no encontrará, más allá del escepticismo y del imperativo de “un estremecimiento profundo”, prescripciones específicas para curar los males de nuestro país, pero sí un diagnóstico impecable y un análisis preciso y demoledor de los escándalos de corrupción del régimen, con flashbacks de los sexenios calderonista y foxista. La obra no tiene desperdicio.

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¿De qué trata su segunda parte? De la actuación de Peña Nieto ante Donald Trump. Aunque a veces discrepo de los planteamientos de “Astillero”, este lo podría suscribir sin cambiarle una coma. Su descripción de la pusilanimidad y la torpeza de Peña frente a Trump y su disección del entreguismo del presidente y del canciller de México hacia el excandidato y hoy presidente de Estados Unidos son certeras a cuál más. El discernimiento juliano demuestra que la sumisión es incapaz de producir un desenlace venturoso, que el pragmatismo ramplón siempre se equivoca y que la soberbia anula la posibilidad de la enmienda.

Después de leer ambos libros me queda claro que de 1938 a 2017 los mexicanos hemos avanzado en el ámbito de las libertades pero hemos retrocedido, y mucho, en el de la defensa de los intereses nacionales. En términos de patriotismo, coraje y lucidez, Lázaro Cárdenas y Enrique Peña Nieto son el día y la noche.

 

@abasave