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Ahora que tenemos una sociedad civil más fuerte, y estamos conscientes de los vicios que han provocado el ahondamiento de la corrupción y la desigualdad, podemos enmendar el rumbo.

México es el nombre de un fárrago de emociones. Para los mexicanos, es desasosiego e ilusión, angustia y esperanza, desolación y apasionamiento. Es, en suma, fuente inagotable de sensaciones contradictorias. Nos lacera, nos acaricia, nos desgarra, nos reconforta. Este 15 de septiembre fue la mejor muestra de nuestros sentimientos encontrados. Adoloridos, algunos no pudimos dar el grito; apenas murmuramos un inaudible “viva México”. Sin signos de interjección. Lo susurramos hacia adentro, para nuestras entrañas, sin fuerzas para elevar la voz. Y es que nos está ganando la desmoralización. He aquí la palabra correcta: estamos desmoralizados. Nos han arrancado la moral en dos de los significados que le atribuye a la palabra el diccionario de la Academia, el de “ánimo para afrontar algo” y el de “confianza en el éxito”. Un tercero, el de la regulación del “comportamiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal”, de por sí averiado, nos lo han fastidiado aún más.

El deterioro viene de lejos, ciertamente, pero este régimen ha contribuido quizá como ningún otro a arrebatarnos la paz interior y la fe en nuestro país. Y no debemos permitirlo. Porque ahora que tenemos una sociedad civil más fuerte, y estamos conscientes de los vicios que han provocado el ahondamiento de la corrupción y la desigualdad, podemos enmendar el rumbo. El reto es salir de esa suerte de socavón anímico en el que nos hundimos a golpes de pauperización, de devaluaciones y gasolinazos, de ejecutados y desaparecidos, de corruptelas, mentiras y engaños del gobierno.

Hay que enderezar la energía social hacia el cambio. Que el enojo no trueque en depresión sino en acciones, en protestas y propuestas. Nuestro país tiene una historia más trágica que gloriosa, sin duda, pero de nosotros depende hacerla de otra manera. No podemos enfrentar el poderío estadounidense que en el pasado nos avasalló, por ejemplo, pero sí podemos actuar con dignidad ante un émulo de los peores tiranos gringos como Donald Trump. Y, sobre todo, debemos prepararnos para actuar en caso de que pueda cumplir sus amenazas. No estamos indefensos, contra lo que creen quienes carecen de entereza y son incapaces de emanciparse de su colonización mental. Tenemos con qué responder a una posible retención de las remesas de nuestros paisanos y al propósito de cancelar el TLC y de construir el muro de la infamia. Poseemos instrumentos para negociar con un eventual gobierno trumpiano desde una posición de firmeza. ¿No es México un país vital para la seguridad de Estados Unidos? ¿No existen decenas de tratados entre ambos países que son necesarios para ambas partes, no hay alrededor de un millón de ciudadanos de Estados Unidos viviendo aquí con propiedades e ingresos, muchos de ellos indocumentados? A nosotros nos perjudicaría un enfrentamiento, pero a ellos también.

Ahora bien, nuestra desazón va más allá. No estamos como estamos solo por la irrupción de Trump allende el Bravo ni por la humillación a la que el ex secretario de Hacienda y el presidente nos sometieron cuando lo invitaron a nuestra casa un miércoles de ignominia. El problema viene de lejos, como dije antes, y lo que resentimos hoy los mexicanos es su exacerbación. Es la depredación de nuestra riqueza que se realiza con la corrupción en ristre, el creciente abismo entre dos Méxicos que apenas pueden verse, el de los privilegiados y el de los marginados. Es la pillería nuestra de cada día, la rancia privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas. No hay nación que soporte tal desgarramiento.

Ya no podemos seguir así. Este país no aguanta más cleptocracia, más injusticia y desigualdad. Parece que no nos hemos dado cuenta de que es nuestro y de que nosotros somos parte de él. Es nuestra obligación sacar del poder a quienes no tienen más proyecto que el de su enriquecimiento personal y el concomitante empobrecimiento de las mayorías. Es nuestro deber cohesionar socialmente a México. Levantémonos del desánimo y la desesperanza y luchemos por la integridad, la democracia y la justicia. Demostremos con hechos que, como el poeta jerezano, amamos a nuestra patria no cual mito, sino por su verdad de pan bendito.

Diputado federal del PRD.

@abasave