Diez millones

Eterno conflicto del magisterio

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Sus manifestaciones sí alteran sustancialmente la movilidad tanto en las vialidades por donde marchan como en las zonas en las cuales instalan sus plantones.

El rechazo de los capitalinos

En el actual conflicto del magisterio la prioridad se encuentra en terminar satisfactoriamente el actual ciclo escolar en todas las entidades del país.

Ya parece una costumbre —una mala costumbre— que en el mes de mayo, en el contexto del Día del Maestro, profesores de distintas entidades del país lleguen a la Ciudad de México para expresar sus demandas. En algunos casos, las protestas se han prolongado por semanas e incluso meses, alterando gravemente la cotidianidad de miles de personas que trabajan, estudian o transitan por las zonas de la ciudad en donde los educadores instalan su protesta.

La inmensa mayoría de las demandas de los profesores tienen un origen local y, por tanto, la solución real y efectiva se encuentra en sus entidades, no en las calles y ni en plazas de la Ciudad de México. Corresponde a los gobernadores dar solución a las demandas de este sector del magisterio.

Se entiende que en un país con una fuerte tradición centralista como el nuestro, las manifestaciones y protestas se concentren en la sede de los poderes federales; sin embargo, este tipo de acciones y estrategias de lucha, poco o nada presionan al gobierno federal, y lejos de que estos grupos de profesores ganen simpatías para su causa, provocan el rechazo de la mayoría de población capitalina.

Resulta evidente que en estos años las formas de movilización social han cambiado. Las formas de expresión pública se han diversificado y alcanzado otros ámbitos, como los medios digitales, particularmente Internet. Las protestas de los profesores en las calles de la ciudad se inscriben en una forma de lucha del pasado que no provoca apoyos, ni genera simpatías.

En mes y medio, en la megalópolis se han presentando tres contingencias ambientales. Por supuesto, los niveles de contaminación no son producto de las protestas de los profesores, pero sus manifestaciones sí alteran sustancialmente la movilidad tanto en las vialidades por donde marchan como en las zonas en las cuales instalan sus plantones.

Los educadores, que desde el pasado domingo 15 de mayo protestan en la Ciudad de México, deben regresar a sus entidades y concluir satisfactoriamente el actual curso escolar. Nadie les pide a los maestros que renuncien a sus demandas laborales o gremiales, sin embargo, la prioridad está en concluir el curso.

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Es importante enfatizar los daños que provocan a la impartición de clases. Por muchos años, generaciones de estudiantes han sido afectados tanto por el paro de labores como por la resistencia de las autoridades estatales de resolver los problemas con estos sectores del magisterio en entidades como Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Chiapas.

En todo momento, debe priorizarse el derecho superior de la niñez. De eso se trata, de colocar por encima de los intereses gremiales o del gobierno, a los niños y su derecho a la educación, esto significa cumplir satisfactoriamente con su curso escolar.

Las autoridades federales y locales deben estar abiertas al diálogo y a la construcción de acuerdos con estos grupos de profesores, tanto en la atención de sus demandas como en las manifestaciones públicas que realicen para expresarlas; pero también estar listas para aplicar la ley e impedir que se obstruyan vialidades y se ocupen espacios públicos por semanas o por meses, como ha ocurrido en ocasiones anteriores.

Nadie piensa y mucho menos pediría una acción autoritaria en contra de expresiones legítimas de protesta de un sector de la sociedad. Eso sería inconcebible. Lo que sí necesitamos es una actitud responsable de la autoridad que, apegada al respeto de los derechos humanos de los profesores, garantice que la cotidianidad de la ciudad en sus zonas y lugares estratégicos no sea afectada.

Respetamos la libertad de expresión y de manifestación, así como las demandas laborales y gremiales de los profesores, sabemos de la importancia de su lucha, de modo tal que también demandamos que en el ejercicio de sus derechos no afecten la vida cotidiana de los habitantes de la capital.

Para nadie es un secreto lo complicado que resulta la movilidad en esta ciudad, un elemento que se agrava por la frágil situación ambiental en la megalópolis en esta época el año. Se trata de un elemento más para pedirle a todos los grupos de profesores que vienen a la Ciudad de México que el ejercicio de sus derechos tenga la sensibilidad necesaria para no afectar a las vialidades y los derechos de los habitantes de la ciudad.

Confío en la sensibilidad de los grupos de profesores y en la responsabilidad de las autoridades para que los educadores encuentren respuestas a sus demandas.

Al mismo tiempo, las autoridades federales y de la Ciudad de México deben aplicar la ley e impedir que los habitantes se conviertan en rehenes de protestas y se afecte la movilidad de estas zonas de la capital.

 

@MBarbosaMX