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Carestía

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El inicio de 2017 está marcado por la palabra: carestía. Lamentablemente el aumento de los precios de la gasolina y el diésel, programado para el primer minuto del siguiente año, desatará una ola de carestía; es decir, un aumento acelerado en los precios de los productos de uso común en todo el país. Esto representa una lista inmensa de productos cotidianos; no se trata de una afirmación hecha a contracorriente de los buenos propósitos que deben predominar en esta época del año, sino de la triste realidad que vive nuestro país.

Es momento de sacudir al gobierno para sacarlo de su parálisis y de su complacencia. No podemos resignarnos a que un escenario de carestía se instale de manera impune, como si se tratara de un destino irrenunciable. Debemos exigir a los responsables de la política económica y fiscal presentar medidas ejecutivas excepcionales para enfrentar la muy probable escalada inflacionaria. Sería una irresponsabilidad por parte de las autoridades que un escenario inflacionario simplemente se instalara afectando a millones de familias.

No se necesita un doctorado en economía para saber que el aumento en el precio de los combustibles resulta de la combinación del fracaso de la política fiscal y del fracaso de la reforma energética. La política fiscal, porque ésta ahorcó y llevó a la ruina a la empresa pública más importante del país. Petróleos Mexicanos (Pemex) enfrenta una carga fiscal enorme, ninguna empresa en el mundo puede sobrevivir o prosperar pagando ese nivel de impuestos. La reforma energética, porque los cambios constitucionales y legales que se aprobaron en este sexenio tenían como verdadero propósito la quiebra y el desmantelamiento de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), lo cual ya lograron.

La consecuencia, una ironía: ser un país productor de petróleo, pero donde los precios de los combustibles son caros, porque a partir del primer minuto de 2017 entrará en vigor el mayor incremento en los costos de la gasolina en lo que va del gobierno de Enrique Peña Nieto. No solo eso, al aumento del precio en los combustibles debe agregarse el desabasto de las últimas semanas en por lo menos 13 entidades del país, entre las que destacan Aguascalientes, Guanajuato, Michoacán, Zacatecas, Oaxaca, Chihuahua, Guerrero, Morelos, Jalisco, Puebla, Tlaxcala, San Luis Potosí y Durango.

Del paraíso prometido al infierno de la carestía. De la abundancia al desabasto. ¿Qué falló? ¿Qué tan conveniente resulta responsabilizar de todo al complicado contexto internacional? No hay explicación creíble y mucho menos, razonable. El gobierno falló rotundamente y sus consecuencias repercutirán en el nivel de vida de la inmensa mayoría de los mexicanos.

La mala noticia llegó por medio de un comunicado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP): $15.99 por litro para la gasolina Magna, $17.79 para la gasolina Premium y de $17.05 para el diésel. ¿Por qué esta política? La posible respuesta nos causa indignación: para hacer atractivo el negocio de la venta de gasolina a las empresas extranjeras, sin importar las consecuencias en las cadenas productivas nacionales en todos los sectores y los costos al consumidor final. Esa es la realidad que nos pinta de cuerpo entero y pone de manifiesto el fracaso de la actual administración. La carestía es la verdad sin retórica y sin los artilugios de la propaganda gubernamental. La inflación toca a nuestra puerta y la sociedad parece estar sola. Debemos prepararnos para enfrentar los avatares económicos en 2017.


@MBarbosaMX