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La palabra ética proviene del griego ETHOS y quiere decir “modo de ser o carácter”. La palabra moral se deriva del latín MOS, significa “costumbre” y se refiere a un tipo de conducta humana que se observa en el comportamiento de las personas en la sociedad. La ética es la parte de la ciencia que estudia esa clase de conductas, es decir, el comportamiento moral de las personas.

La moral y el derecho regulan, mediante normas, las relaciones entre las personas. La diferencia entre las normas morales y las del derecho  reside en que las normas morales se cumplen a través del convencimiento personal y las jurídicas no exigen ese convencimiento, son obligatorias y responden a la necesidad de asegurar la cohesión social. Las normas morales son autónomas, cada persona se da sus propias normas de acuerdo a sus creencias, valores o tradiciones; no crean derechos ni obligaciones respecto a otras personas; aunque sean obligatorias, no conllevan un castigo explícito si no se cumplen.

Las normas jurídicas provienen de una autoridad, implican derechos y obligaciones hacia otras personas. La autoridad que las establece tiene la facultad de exigir su cumplimiento y, para lograrlo, impone vigilancia, fiscalización y sanciones, como multas o pérdida de la libertad.

Los gobernantes o los funcionarios públicos que caen en la corrupción, al apropiarse de los recursos públicos para su propio beneficio o el de sus allegados, lo hacen porque su “modo de ser”, es decir, su ética se los permite, aprendieron que “el que no transa no avanza” y, con esa base, su comportamiento moral no se los impide, sino que los impulsa a comportarse de esa manera. Además, los ejemplos que conocen les refuerzan esas prácticas. Han visto que los funcionarios anteriores se han enriquecido ilícitamente y no han sido sancionados. Los gobernantes encargados de vigilar la observancia de las leyes no han cumplido con su deber y México está colocado entre los países con los más altos niveles de corrupción.

Es necesario que en las familias y en la escuela el ejemplo de  los mayores enseñe a los pequeños, desde los primeros años de vida, el respeto a lo ajeno; si los valores no se siembran en esa temprana edad, será muy difícil que los adquieran después. Los ejemplos positivos que reciban en la casa y en la escuela ayudarán a que las nuevas generaciones no practiquen ni toleren la corrupción.

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Actualmente la corrupción está fuertemente arraigada en casi todos los ámbitos de la sociedad, sin embargo, todos podemos hacer algo para corregirla. En primer lugar, no siendo parte de ella. Si se comete una infracción, no dar mordida, hay que pagar la multa y si ésta no fuera justa, presentar la inconformidad, pero no hay que sumarse a los corruptos, aun cuando esto cause molestias y pérdida de tiempo. Al que le corresponde pagar impuestos no debe justificarse con el argumento de “para que se lo robe el gobierno”. Si se tiene conocimiento de irregularidades en las licitaciones o sobreprecios en las obras públicas, hay que acudir a quien pueda hacer algo para evitarlo.

También es ilegal que los empleados, los maestros o los funcionarios públicos no cumplan con los horarios señalados o no atiendan debidamente el trabajo que les corresponde; cuando esto suceda, quien lo conozca debe acudir con el jefe inmediato para que se corrija tal situación. No tener miedo, si se tiene la razón y se hace en forma atenta y comedida, tendrán que atenderlo, es un derecho.

La corrupción en la administración pública está muy arraigada en nuestro país, es tarea de todos y todas ayudar a pararla.