Diez millones
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Antes de la Semana Santa el Senado nos dio muy malas noticias: “Con su aprobación se  burló el voto que los ciudadanos emitieron para elegir a sus representantes ante ese Órgano supremo de la nación”. En la Cámara de Diputados ya había pasado, aunque en menor escala y con menores consecuencias; se dejó pasar, nadie protestó. ¿Será por eso que ahora ocurrió en el Senado, en mayor escala? Lo ocurrido es preocupante porque pareciera que será una práctica común, con la cual se estaría alterando seriamente el resultado de las elecciones del Poder Legislativo y ya no se respetaría plenamente la voluntad ciudadana expresada en las urnas.

El hecho es el siguiente: nueve senadores renunciaron a su partido el PRD y se pasaron al Partido del Trabajo, PT. Que con esta maniobra  pasa a ser la tercera fuerza en la Cámara de Senadores, siendo que en las urnas no obtuvo votación para ser considerado en ese lugar, lo cual  le permite ocupar una vicepresidencia en la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores. Esta posición se alcanza por el número de senadores electos por el voto ciudadano depositado en las urnas de  las pasadas elecciones y  le corresponde al partido que obtuvo el número de escaños requerido, pero el partido que ahora la va a ocupar no cumple con la norma.

Con la decisión tomada se le está dando a un partido una representación que no le dieron los ciudadanos con los votos que depositaron en las urnas de la pasada elección. Muchos de los que votaron  no eligieron ser representados por el partido que ahora se les quiere imponer, ellos estaban de acuerdo con la Plataforma de otro Partido. Además, tampoco se le pueden quitar a un partido, cualquiera que sea, los votos que los electores emitieron a su favor, cuando ya han sido sancionados los procesos electorales. Si los nueve senadores  cambiaron de opinión y ya no desean ser senadores por el Partido que los eligió, tienen toda la libertad para renunciar y la Cámara llamará a los suplentes de los renunciantes, los cuales sí fueron electos por los ciudadanos, y lo fueron precisamente para suplir a los propietarios cuando faltaran por muerte o por renuncia.

Todo ciudadano tiene derecho a cambiarse de partido cuando así lo desee, pero el escaño o la curul no son  su propiedad personal, son posiciones que  ganan los partidos, con las elecciones o designaciones que hacen, de acuerdo a sus normas, para presentarlos a los ciudadanos, quienes los ratifican con los votos que emiten en los procesos electorales.

En el lamentable caso que nos ocupa hay además el interés económico de los renunciantes que  se llevan su dieta, lo cual no ocurre si renuncian, y del  PT que sin que le corresponda, aumenta su apoyo económico de grupo parlamentario de $2,681,000.00 a $6,128,000.00 y se coloca, falsamente, en una tercera fuerza, lo cual no obtuvo  en las urnas.

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Los diputados que en su momento se cambiaron de partido también tuvieron el interés de que el partido que los recibió se convirtiera en Grupo Parlamentario y recibiera su jugosa mensualidad. El no haberlo impedido en su momento ha dado lugar a llegar a estos absurdos excesos que no debieran suceder y que hoy  deberán corregirse.

Acciones como éstas debilitan la democracia y la  confianza  ciudadana en su Gobierno. El respeto a la Ley que se quiere implantar, no avanzará mientras quienes debieran ser sus guardianes, sean los primeros en violentarla.

Esperamos que la Semana de Pascua llame a los senadores a la reflexión y corrijan esas decisiones que aumentan la falta de confianza ciudadana en el Poder Legislativo.