Diez millones

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La calidad de vida que han alcanzado los mexicanos que habitan en las zonas privilegiadas de la República contrasta terriblemente con la que tienen los que viven en los cinturones de miseria de las mismas  ciudades y en las zonas rurales  del país.

Es bien sabido que la mitad de los mexicanos viven en pobreza, pero las noticias de los últimos días no nos dicen que los presupuestos se estén aplicando para atenuar esa desigualdad. Vemos que se anuncia la remodelación millonaria del Centro Histórico de la Ciudad de México, que se construyen vías elevadas y pasos a desnivel en varias ciudades o que se instalan centros comerciales. Sobre la creación de empleos, algunas entidades informan con argullo que habrá inversión de plantas automovilísticas extranjeras, pese a Donald Trump.

Sobre cómo recibir a los migrantes que llegarán expulsados del vecino país, sólo se ha dicho que se les darán como regalo algunos meses de salario mínimo, pero no hay planes para ofrecerles empleos y para aprovechar su experiencia en las labores que allá desempeñaron.

Sería la oportunidad de crear programas agrícolas en las zonas adecuadas, con tecnologías como las que ellos conocen. Producir maíz, por ejemplo, antes éramos autosuficientes y ahora lo tenemos que importar. Cultivar frutas, verduras y hortalizas que también estamos importando algunas. Hay áreas de oportunidad que se están desperdiciando y que pueden volver positivo el hecho de la expulsión de nuestros connacionales.

El turismo que sería otra fuente de empleo y crecimiento económico también requiere que nuestras ciudades sean bellas, limpias y bien cuidadas, pero no es indispensable tanta inversión, bastaría con limpiar sus avenidas de vendedores ambulantes, de puestos fijos y semifijos en las banquetas, de grafitis en sus bardas; será suficiente con mantener la iluminación y el buen estado de sus calles, de sus árboles y jardines.

Hay otro aspecto que actualmente afecta tanto al turismo como a los migrantes que regresan; es la inseguridad. Algunos de los primeros migrantes que llegaron por la deportación dijeron que podrían poner en su pueblo algún negocio de comida o de servicios, pero que esto no será posible porque llegarían los extorsionadores a amenazarlos y a pedirles dinero para dejarlos trabajar.

Combatir la inseguridad se ha convertido en una prioridad para nuestro país, en algunas ciudades más que en otras, pero en general es el enemigo a vencer. Todos somos conscientes de su complejidad pero también se percibe que no se está haciendo todo lo que se requiere para lograrlo. Como hay ciudades que no son tan afectadas, no se han tomado medidas generales para dar una atención global al problema, no se han planeado acciones más radicales, ni se han hecho planes integrales a fondo, para corregir de raíz las deficiencias locales. Varias entidades federativas no han tomado este aspecto como su responsabilidad directa, la ayuda Federal las ha hecho desentenderse y no la asumen plenamente  No hay consenso sobre policía única, pero las policías municipales no han podido responder con eficacia y no hay caminos para exigirlo.

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Pese a la valiosa intervención del Ejército, la violencia lejos de desaparecer ha aumentado últimamente. Las próximas reformas legales que le darán un marco jurídico adecuado a su labor, esperamos que sean un elemento que ayude a que su intervención logre abatirla.

No hay que olvidar que en nuestro país la corrupción  todo lo permea y que habrá que controlarla para que los nuevos planes y proyectos puedan tener éxito, ya que si nos sigue dominando, desvirtuará los esfuerzos, mermará los recursos y los beneficios serán sólo para quienes ilegalmente se benefician con ella.