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Artículo publicado el 10 de enero de 2016

Cada persona, en este mes, tiene que subir su propia cuesta, pocos la tiene fácil, la mayoría tendrá que esforzarse, hacer pausas, reflexionar, decidir la continuación o el cambio de rumbo, o el ajuste de proyectos o la dilación de propósitos, pero quien tiene la cuesta más difícil de remontar es el propio país. México tiene una cuesta muy empinada y sinuosa, muy llena de obstáculos, baches y profundas hondonadas.

Se acumulan en la Nación los temas pendientes que reclaman solución.  Uno de ellos es el de los desaparecidos que al dolor esencial de los hechos ahora tienen que cargar los efectos políticos de quienes quieren aprovechar el tema para fines más allá de los esenciales del caso y que con ello contribuyen a darle un mayor grado de dificultad y además porque al buscar a unos, que no aparecen, han aparecido otros, que aparentemente, nadie buscaba, o por lo menos no se sabía que eran buscados.

Esto además ha suscitado que los estudiosos profundicen en el tema y hayan descubierto que los desaparecidos tienen  historia y que suman  más de cinco mil, casi es el mismo número de mujeres y de hombres. Nadie se explica cómo pueden vivir esas familias en las que una parte de ella desaparece y no se sabe si llorarla o esperarla.

Otro obstáculo de la cuesta es la criminalidad que cerca al Estado. Algunos ya comparan la lucha contra el narco y el crimen organizado como una guerra civil. Se calcula que han muerto 80 mil personas y que han desaparecido veintidós mil por este motivo. Esta cantidad es mayor a las bajas ocasionadas por la guerra del Golfo Pérsico. El descabezamiento de las bandas  hace que éstas luchen entre sí por el poder y los espacios

La guerra contra el crimen es una cuesta muy difícil de escalar. A la violencia política del siglo pasado  ha seguido en el presente siglo una oleada de violencia criminal que ha dejado más de un millón de homicidios y si partimos de que el primer derecho de la ciudadanía y el primer deber del Estado es la seguridad, pero el Estado parece estar rebasado. Aquí la cuesta se prolonga  ya que no se puede enfrentar esta violencia criminal sin una transformación de las Instituciones de seguridad que tengan una filosofía basada en la protección del ciudadano, lo cual sigue pendiente. La prevención y  el castigo han sido las estrategias aplicadas y si éstas continúan fracasando, la ciudadanía seguirá teniendo más temor a los delincuentes que confianza a los policías.

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Abatir la corrupción y terminar con los robos es una cuesta de la que siempre parece que resbalan  desde el principio, no es posible superarla ni en una mínima dimensión. Los analistas  dicen que son miles de millones los que el país pierde por estos conceptos  y no sólo los pierde el país y los más ricos, sino también los que menos tienen, ya que incluyen en sus presupuestos “la mordida”. Los robos a los ductos de petróleo, las estafas a los ahorradores no son casos aislados, se repiten cada vez con más frecuencia. Las licitaciones fraudulentas, las obras públicas  excedidas artificialmente en sus costos o realizadas con materiales de menor calidad a la contratada siguen siendo frecuentes.

Los partidos políticos también tienen su cuesta que remontar, divisiones internas, desprestigio por delincuencia en gobernantes emanados de sus filas. Desencanto por el mal gobierno de partidos triunfadores que prometieron  cambios radicales y no sólo no los cumplen, sino que ocasionan retrocesos. Para nadie será fácil subir la cuesta y no será sin sacrificios.