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La Puerta del Caos

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Las Predicciones Fallaron y la Situación Empeoró

  • Las Crisis También Abren Caminos Para Mejorar
  • Pero Está la Tentación de los Falsos Redentores

¡Qué poco nos duró el gusto!, lo que inició como un sexenio prometedor, en breve tiempo se quitó la máscara y dejo ver su verdadero rostro: el de la frivolidad, ingenuos, incapaces y hasta ladrones, que nos han sumido en el peor de los escenarios. Esta película ya la habíamos visto, solo que ahora la versión es más amplia y mejorada.

Estábamos en la creencia de que las cosas ya no podían empeorar más, sin embargo las predicciones nos fallaron, pues a medida que transcurrió el tiempo se acrecentaron los errores y la irritación social; el desabasto y aumento de las gasolinas es la gota que derrama el vaso; ya se veía venir desde semanas antes, pues pese a ser la más cara de la región, no se trata de un simple problema de imprevisión, logística o negligencia, sino de dificultades estructurales derivadas de un pésimo manejo de la paraestatal, que ahora además se encuentra nuevamente cuestionada con los sobornos de la empresa brasileña Oderbrecht, que nos parece tan normal que lo hemos dejado en segundo plano.

El desbarajuste ocasionado deviene de una profunda crisis de seguridad, económica, política, pero sobre todo ética; el despojo de los bienes públicos, los privilegios y canonjías de los gobernantes, aunado a la incertidumbre insensible en la que estamos inmersos, son factores que provocan un profundo sentimiento de injusticia social, desconfianza que desanima a la participación.

La crítica, la denuncia y el caos están presentes; la desilusión, el enojo y la desconfianza ciudadana también. Son elementos de cohesión social que han despertado la conciencia ciudadana, que ansiamos un cambio, que sin duda vendrá.

El dilema se presenta en formas y fondo, en el ¿qué hacer, como hacerlo y para qué?, pues la respuesta a esas interrogantes definirán el destino del país. Por otra parte, es menester tomar en cuenta los intereses internacionales susceptibles de operar de acuerdo a sus conveniencias; así como las organizaciones criminales que buscarán aprovechar el momento para tomar controles, que son riesgos latentes.

Por otra parte, las crisis también son oportunidades que abren caminos para mejorar, constituyen experiencias de cuyo padecimiento nos permiten aprender de los errores y de ahí fincar prudentemente una transformación con rumbo claro, basada en el desarrollo, la libertad y la justicia, con todo lo que ello significa. No obstante, el panorama peligroso es caer en la tentación de la anarquía, la de falsos redentores, la de masas inconscientes que solo buscan satisfacer su sed de venganza a través del odio y el rencor, convirtiéndose en sátrapas vitalicios.

Sería imperdonable sucumbir en los mismos errores de los que ahora nos quejamos. Don Manuel Gómez Morín decía que, para hacer el bien, debía realizarse con buenas formas, pues de otra manera se podría causar un mal mayor.