Diez millones
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El México en crisis que no cumple nuestras expectativas

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La crisis parece evidente, no requiere ni siquiera de mayor precisión. Se vive... se le siente. Duele por su tosquedad y sinrazón. Por su inequidad y por lo dramático de su realismo.

El incumplimiento de expectativas es un síntoma claro, la frustración de sueños, el desencanto y la agitación su bandera. La imposición y el amago violento como recurso por haber prescindido del prestigio que hace creíble el ejercicio de cualquier autoridad.

Sobra politiquería y falta política, mucha política...esa que solventa los problemas derivados del conflicto, la que no es aburrida y que refleja los dolores de cada época y la forma en la que se entienden y remedian, la auténtica política que implica objetivos comunes y aversión al riesgo y a los términos medios y a la trascendencia...que acompaña y que mira, que entiende y humaniza... que resuelve y engrandece, que es esperanzadora y constructiva.

Por lo pronto la política netamente ciudadana es participar...teniendo la certeza y haciendo un compromiso inquebrantable con nosotros mismos y con México y Michoacán, que el mañana será distinto no por los resultados electorales, sino por la certeza de que el cambio -fruto de la experiencia- se adquirirá sobre todo con la coherencia de la propia vida y con personal implicación... eso trasciende la coyuntura y sitúa su responsabilidad en el ámbito de la propia voluntad.

Y porque afianzaremos la convicción esencialmente democrática que ve en la gente común, posibilidades fuera de lo común. Hoy en México no terminamos de entender que la autoridad no consiste en ser obedecido a cualquier precio y que quien la sigue lo hace porque ve en ella un punto de referencia que le sirve para conocer la verdad y el bien de las cosas... aunque a veces no se acabe de comprenderlas.

¡Cierto!... hoy no nos gusta lo que vemos pero tampoco parece que tengamos las ganas y la ilusión por cambiarlas... Hoy México no cumple con nuestras expectativas, pero la solución no es bajar el periscopio ni retirarse a curar las heridas en las catacumbas del pesimismo y el desánimo.

Sí... los momentos de crisis “son aquéllos en donde lo viejo no termina de marcharse y lo nuevo no termina de llegar” (Gramsci). Da la impresión de que, en México y Michoacán, lo viejo no quisiera marcharse... y lo nuevo no quisiera llegar. Esa debe ser nuestra misión... No podemos dejar de votar. Es una gran responsabilidad ciudadana.