Diez millones

Enfrentar al Estado

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Hay que distinguir entre enfrentar electoralmente a un partido de Estado y enfrentar un intento totalitario como el de Venezuela. Aunque ambos tengan el objetivo de cambiar la situación, sólo el primero -a través de elecciones, de candidatos y de los muy denostados partidos políticos- puede ser legítimo y pacífico para alcanzar resultados adecuados.

Las elecciones en junio en tres entidades mexicanas y las generales en Francia del pasado domingo son muestra de visiones encontradas en un ambiente más o menos civilizado, cuyo fondo es decidir entre apoyar o rechazar el sistema actual de gobierno. A pesar de ataques verbales e intercambio de acusaciones, nunca deberán caer en la violencia.

Por el contrario, el conflicto de la sociedad venezolana con su Presidente intenta encontrar una salida a su imposición autoritaria. Después de que su partido fuera derrotado en las elecciones para la Asamblea Nacional y de negarse a reconocer las decisiones de ésta, la actitud del Presidente Maduro se aleja de todo deseo de conciliar. Ya hemos visto como encarceló líderes opositores y reprimió con fuerza varias manifestaciones pacíficas, provocando la muerte de al menos 38 civiles desarmados. Al buscar deliberadamente el conflicto ha unificado al pueblo en su contra y ganado el rechazo de la comunidad internacional. Si quiere seguir imponiéndose a la fuerza, seguirá un camino dictatorial que tarde o temprano desembocará en más violencia y dolor hasta que se logre una transición pactada como la de Chile en 1988-90.

Es de destacar un caso aún más grave de enfrentamiento al Estado: el intento criminal realizado en Puebla -donde ni siquiera hay elecciones- y que no se puede pasar por alto: fuerzas militares fueron atacadas a balazos para impedir que investigaran el robo de combustible, asesinando a 4 militares. El Gobierno de la República está obligado a investigar a fondo y sancionar con rigor todos los comportamientos ilícitos, en especial el ataque a los militares, pero también a los que por años omitieron su deber y toleraron dichos actos, permitiendo que creciera la delincuencia.

A ciencia y paciencia de muchas autoridades, en especial de PEMEX, se toleró el robo de combustible de los ductos que cruzan esa entidad. Se permitió por años no sólo el robo de cantidades importantes de combustible sino también la venta de lo sustraído. El robo se volvió modus vivendi de "huachicoleros" (sobrenombre a causa de su actividad similar a la de la venta de alcohol adulterado o huachicol, en náhuatl), quienes se sintieron suficientemente fuertes como para osar enfrentar al ejército.

Tomar lo que es de otros, robar, es delito en todos los códigos penales, pero robar combustibles además acarrea graves riesgos para quien lo hace y para el entorno. Perforar ductos e insertar llaves irregulares, ya ha llevado a catástrofes medioambientales, a incendios y a la muertes de civiles inocentes. Pero lo más grave es el intentar resistirse a que una autoridad investigue. Esto es inadmisible, tanto en este caso como el de los cárteles delictivos de Tamaulipas y otros estados. Urge se sancione enérgicamente ese reto al Estado y se prevengan hechos similares bajo el riesgo de que cunda la práctica en todo el país.

Aunque no estemos de acuerdo con muchas acciones de este gobierno, estamos obligados a respaldar las acciones adecuadas que tome en este caso.