Diez millones

El tercer sitio turco de Viena

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

         Viena, capital de Austria, fue sitiada numerosas veces, dos de ellas por fuerzas otomanas. Tanto en 1529 como en 1683 salió airosa del conflicto; la primera por sus propias fuerzas y la segunda con el auxilio de ejércitos comandados por el rey de Polonia, Jan Sobiesky. En los dos sitios los otomanos intentaron abrir las puertas de la ciudad, y de Europa.

         La ambición musulmana por invadir el viejo continente no fue sólo del Imperio Otomano entre los siglos X y XVIII sino también de los árabes que invadieron la península Ibérica. Entre la batalla de Guadalete (711 d.C.) y el segundo sitio de Viena, los musulmanes intentaron repetidamente conquistar militarmente Europa. Durante siglos ocuparon buena parte de ella.

         En el último medio siglo la comunidad turca -heredera de la otomana- ha aumentado notablemente en Viena. Actualmente hay ahí más personas de ascendencia turca que los 300,000 soldados que sitiaron la ciudad.

         Pero la presencia musulmana en Europa no se circunscribe a Austria o a la península ibérica, se extiende por todo el continente y para muchos es ya en un verdadero problema. Lo que en Francia comenzó como refugio de argelinos que buscaban oportunidades de vida ahora se ha convertido en motivo de alarma entre comunidades que se resisten a cambiar su modelo de cultura.

         La comunidad islámica, como en el caso de Austria, también llegó a trabajar a Alemania, Bélgica, Holanda y Suiza como “trabajadores invitados” junto con muchos europeos del sur. Pero no se integró a la cultura local. Los musulmanes siguen inmersos en su cultura, sin aprender lengua, religión ni costumbres, refugiados en guetos. Muchos de sus hijos crecen sin aprender la lengua materna correctamente y sin aprender el idioma local- Son analfabetas funcionales en una cultura ajena.

         A diferencia de los europeos del sur (y de los mexicanos en Estados Unidos) no intentan aprender lengua ni cultura en mucho porque se aferran a su religión que es totalmente distinta. Españoles, portugueses e italianos se integraron porque su religión era la misma o muy similar, que no es el caso de turcos, argelinos, libios o marroquíes. Como en estos dos últimos años han llegado más de dos millones de sirios, afganos y subsaharianos, hay más rechazo en las comunidades más conservadoras, en especial en Suiza y Francia.

         Es caldo de cultivo para conflictos. Por una parte, se ven reacciones xenófobas, y por otro, jóvenes dispuestos a todo por su resentimiento. Los recientes atentados atribuidos a ISIS no son de terroristas de Medio Oriente, son de jóvenes nacidos y crecidos en esos guetos, reclutados localmente.

Nutriseg-control-temperatura-compostas

         Para complicar más el asunto está la cuestión de la natalidad: mientras los europeos tienen menos de dos hijos en promedio, los musulmanes tienen cinco o más. La cultura europea va en declive con tasas de natalidad de 1.3 hijos por pareja mientras la musulmana los sobrepasa por mucho. En pocas décadas Europa será islámica sin mediar conquista militar.

         La solución no es sencilla, requiere tiempo y esfuerzo para corregir lo que hicieron mal en educación e integración social. Ya no hay forma de corregir la demografía, pero aún hay tiempo de integrar a quienes han sido marginados.

En América Latina somos afortunados porque la mayor parte de nuestra emigración se empeña en aprender inglés y en parte se adapta a la cultura de Estados Unidos; además, nuestra religión no es muy distinta a la de la mayoría de ese país.