Diez millones

Los héroes de Camargo

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El aumento al precio de las gasolinas ha traído una serie de actos que han complicado la vida nacional, mostrado ineficiencias, violencia y sólo en el caso de Camargo, una actitud firme y pacífica. Era claro que un aumento del 20% no podía quedar ignorado por la población y provocaría reacciones no muy serenas. Todo a partir de una comunicación inicial muy escueta, que no abundó en causas ni en compartir el apretón.

Cuando México extraía 3 millones de barriles de petróleo diariamente y exportaba una buena parte de ellos, todos asumimos como natural que hubiera en el país combustibles a precios accesibles, menores que en el mundo industrializado. Fueron momentos de gloria porque el crudo estaba a 100 dólares por barril y lo que se exportaba cubría la tercera parte de las finanzas estatales. Cuando el crudo comenzó a bajar de precio, mejoraron las finanzas de los países consumidores de petróleo y se complicaron las de los exportadores de petróleo como el nuestro.

En el mercado internacional las gasolinas bajaron de precio acorde a la disminución del crudo, pero México decidió ir a contracorriente para compensar sus finanzas estatales. Al bajar el crudo a la tercera parte, las gasolinas en vez de bajar proporcionalmente, se les aumentó el precio para compensar lo que se dejó de ingresar por exportaciones de crudo.

Pero en los últimos cuatro años no se logró compensar los miles de millones que dejaron de entrar a las arcas públicas con los aumentos a la gasolina, por eso se aumentó el reciente 20%.

Apenas iniciado 2017 y los nuevos precios, miles de ciudadanos, salieron a protestar en todo el país. En al menos 20 entidades se dieron bloqueos, manifestaciones y protestas, algunas de las cuales desembocaron en robos a tiendas o en enfrentamientos entre autoridades y manifestantes. Sin que en ningún caso se llegara a extremos que lamentar, sí hubo 1,500 detenidos por robo o por ir contra la autoridad.

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La excepción fue Camargo, población de 50,000 personas en el estado de Chihuahua, donde un millar de ciudadanos bloquearon las casetas de la autopista. Cuando llegó la policía federal, quienes estaban bloqueando se mantuvieron en su lugar, pero en vez de enfrentar a la policía, se hincaron y cantando el Himno Nacional levantaron las manos indicando que no tenían ni armas ni intención de moverse. Los policías quedaron desconcertados y sus jefes se vieron obligados a negociar el levantamiento del plantón.

Los ciudadanos de Camargo sabían que con su sola acción no podrían revertir el aumento desmesurado a las gasolinas, pero sí iba a mostrar a México entero la forma de protestar pacíficamente. Demostraron que ninguna forma de violencia -de quienes protestan y de las de los que los combaten- es justificable; que el diálogo debe ser la forma de resolver todo conflicto social. No lo hicieron con palabras sino con su ejemplo, México debe aprender de lo que hicieron estos héroes de la no violencia, los héroes de Camargo.