Diez millones
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Primera prueba

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AMLO, o simplemente Andrés como ahora le llaman, sobrevivió la primera semana después de la elección tranquilizando a empresarios y banqueros, pero aún no emprende una iniciativa a fondo. Ahora que sus colaboradores han precisado que no se cumplirán varias promesas de campaña (bajar impuestos a gasolinas, no continuar la construcción del nuevo aeropuerto, o vender el avión presidencial), está obligado a decir tanto a simpatizantes como a adversarios, o al menos a la mayoría de ellos, una declaración que lleve a este sexenio a hacer historia.

No hace falta recordarle al que será el próximo Primer Mandatario que entre los mayores reclamos de prácticamente todos los mexicanos está combatir la corrupción. También su consecuencia que hemos visto a lo largo de esta administración: la impunidad. Para minimizar ambas se requiere una institución fuerte con un funcionario intachable al frente.

Es imposible ganarse la confianza de la población sin una fiscalía con amplias atribuciones, con suficiente personal capacitado, y que esté autorizado a supervisar -sin estorbar- contratos, asignaciones y pagos. Una fiscalía verdaderamente autónoma, hasta del propio Presidente. Un personaje que tenga todas las cualidades técnicas, éticas y organizativas, y goce del aprecio general por sus cualidades y su trayectoria.

Es importante que sea autónomo de todo poder público, incluso de quien lo nombre y de toda autoridad. Un verdadero fiscal autónomo que proteja el interés público. Que cuando proceda contra actos indebidos, aún de funcionarios en teoría comprometidos y quizá cercanos al Presidente, tenga que actuar en contra de ellos. Un fiscal capaz de enfrentar la plata y el plomo estoicamente, sin más compromisos que con el país.

Un fiscal autónomo que enfrente rayos y tempestades en defensa del interés superior de la Nación. Que supere presiones y órdenes indebidas que busquen liberar de cargos a los que deben ser indiciados por acciones ilegales. Que sepa distinguir comportamientos ilícitos de los correctos y tenga el arrojo para proceder sin dudarlo contra los primeros.
No dudo que el ahora candidato triunfante seguramente recibirá presiones de los suyos para que nombre un fiscal a modo. Algunos que ya piensan ocupar cargos públicos, y además, abusar del que se les asigne. También habrá quienes vean en cualquier comentario de una ONG un ataque o un insulto a la autoridad. O de aquellos que creen que a ellos ahora ya les toca o incluso se lo merecen por su filiación partidista.

El actual Presidente Peña, en más de cinco años nunca nombró un fiscal autónomo. Por ello múltiples funcionarios, de directores generales a gobernadores fueron tardíamente procesados, y no por una investigación federal sino por la intervención de los congresos locales. La corrupción y la impunidad marcaron este sexenio, así que un gobierno que quiere hacer historia está obligado a tomar distancia con un gesto indubitable. El nombramiento de un fiscal autónomo será la mejor muestra de que se emprende un nuevo camino.

 


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