Diez millones

¿Y ahora qué?

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 Después del triunfo abrumador de López Obrador quedan preguntas abiertas en un amplio abanico que nos ocupará los próximos meses. Algunas de sus promesas son muy concretas y veremos si las realiza apenas tome posesión: vender del avión presidencial, retirar la pensión a exPresidentes, recortar sueldos y transformar Los Pinos, pero otras son tan vagas como qué hará con el Nuevo Aeropuerto Internacional de la CDMX, pues en campaña se opuso, se desdijo y dejó abierto el tema.

Con su contundente triunfo aseguró el 53% de ambas Cámaras y 6 gubernaturas para MORENA. Permitió que la izquierda desplazara al PRI y al PAN a representaciones mínimas. Logró la mayoría legislativa que se le arrebató al PRI en 1997 y desde entonces ningún presidente había tenido a su disposición. Con esa cómoda mayoría va a gobernar, sin más límite que la Constitución y sus contradicciones a la que nos ha acostumbrado.

Pero su primera tarea será asegurarse de que su MORENA se transforme en verdadero partido que opere en todo el país. Un partido que impulse ideas y no personas, que sea cadena de transmisión para el cambio gubernamental, garantice no defraudar a la gente a pesar de las contradicciones de quién lo encabeza, sirva como válvula de escape a la presión social y evite tener que usar la fuerza pública ante descontentos.

Nos dice que será el fin del neoliberalismo, pero queda la duda si en verdad cambiará todo lo necesario para lograrlo o sólo lo mínimo para convertirse en un gatopardo más. Nos dice que dará reversa a la Reforma Educativa sin ofrecer lo que en ese campo hará precisamente en los estados del sur, los más atrasados del país y que lo apoyaron sin ambajes.

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Sus tareas más difíciles serán mejorar la seguridad y abatir la corrupción, de las que sólo ha hablado generalidades. No hay propuestas específicas para disminuir los 25,000 homicidios anuales. Con la sola voluntad presidencial no basta para detener los crímenes ni para inhibir la corrupción, menos para abatir el narcotráfico, tema del que poco habló.
Sin ocuparnos por el momento con la Reformas Energética, sí esperemos que realice la necesaria Reforma al Sector Salud de la que ha hablado sin concretar acciones. Por el contrario, habrá que estar atentos en los cambios que realice sobre la Reforma Educativa. No es lo mismo intenta solucionar el problema laboral magisterial que afectar la educación de las futuras generaciones. La educación es la principal tarea para elevar niveles de vida y lograr la inclusión de los marginados; sin educación no hay posibilidad de mejora, de ascenso social o de que las oportunidades las puedan aprovechar todos, incluyendo los actuales marginados.

A los ciudadanos nos queda estar muy atentos de las acciones del nuevo gobierno, pero de ninguna otra como la mejora de la educación de los hijos, en especial la de los hijos de los menos afortunados. Esta revolución pacífica debe ser oportunidad para que la violencia no tenga cabida. Vigilar la educación será nuestra mayor tarea.