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Detener el alud

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Los aludes devastadores comienzan con una pequeña partícula que rápidamente se convierte en una avalancha que gana en volumen y velocidad conforme desciende la montaña. Iniciado el desprendimiento, en su descenso incorpora rocas, nieve y lo que encuentre a su paso. Un evento sin importancia, cuando incrementa su masa se vuelve un peligro por su capacidad de destrucción.

Hay quien quiere que creamos que en esta elección estamos frente a un alud que ya alcanzó su masa crítica y no hay quien lo pare. Los partidarios del candidato puntero consideran que en su tercera elección presidencial ya es ampliamente conocido por lo que no hay forma de derrotarlo; que está blindado contra todo ya que sus ideas las comparten la gran mayoría de ciudadanos.

Sus simpatizantes muestran que las encuestas le dan una ventaja de más de diez puntos sobre su más cercano competidor sin ver que tuvo una ventaja similar en las dos elecciones anteriores y no triunfó. No ven que a pesar de su diagnóstico certero de la situación de México las soluciones que propone son ingenuas o sólo buenas intenciones o no tienen viabilidad financiera.

Lo apoyan con argumentos emocionales porque sienten que ya es tiempo de un cambio radical sin ver ni hacia dónde irá ni las consecuencias que tendrá. Creen a pie juntillas que cesará la corrupción con el sólo ejemplo del líder, sin ver cómo le salieron corruptos varios subordinados cuando fue Jefe de Gobierno.

Creen que la violencia se acabará de inmediato bajo su gobierno, que los cárteles de la droga se pacificarán bajo su manto; que se evitarán importaciones de maíz amarillo y de gasolinas, al aumentar el cultivo del primero y la refinación en el país de las segundas. Que el empleo mejorará al subsidiar trabajos para jóvenes y al crear cientos de empresas forestales y agrícolas paraestatales. Que su gobierno elevará sueldos y calidad de vida a todos los mexicanos.

Estos argumentos, y muchos más, los manejan, al igual que su líder, sin pensar en la racionalidad económica. No se detienen a pensar con qué pagar esos sueños de grandeza al tiempo que ofrecen reducir impuestos. Sin cuestionar la validez de sus objetivos debe mostrarse la falla en su financiación.

Pero lo más peligroso de su propuesta no es lo que dicen, sino que nos quieran hacer creer que no hay forma de detener el proyecto; que intentarlo es arriesgar la paz social. Inundan encuestas a su favor y proliferan las amenazas de “a ver quién amarra al tigre”. Se nos hace ver que el alud ya es imparable, aunque haya datos que indican el uso de métodos informáticos para alterar las encuestas para mostrar un apoyo mayor al real.

Estamos a tiempo de detenerlo, pues si sigue su curso va a destruir buena parte de los avances que hemos logrado desde el fin de la docena trágica (1982). Dos gobiernos estatizadores y populistas que son el mejor ejemplo del México que debemos evitar. Debemos recordar cuánto perdimos durante esos doce años. Mostremos los métodos viciosos que alteran encuestas y tendencias. Demos su dimensión real al problema antes de que sea imparable.

Si llegamos a la elección con esta tendencia, los partidarios de López Obrador van a destruir México al día siguiente de la elección, gane o pierda, como un alud.