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Falta pasar mucha agua bajo el puente

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Creerse ganador antes de tiempo es riesgoso. Aún a dos meses de las elecciones los partidarios de uno de los candidatos ya lo ven triunfador. No ven ni el tiempo que falta para la decisión ni lo que puede ocurrir, ya sea por la acción de algún otro contendiente o la omisión del puntero. Incluso por eventos -naturales o inducidos- fuera del control de todos ellos, como una erupción o una gran inundación.

Recordemos la última elección en la que participó José María Aznar en 2004: todo anunciaba otra elección en que su partido volvería a tener la mayoría absoluta obtenida cuatro años atrás. Pero tres días antes, el ataque terrorista en una estación de trenes de cercanías hizo volar varios vagones y las posibilidades de triunfo. Ningún partido ni ningún candidato pudo preverlo ni anticiparlo, y aunque el gobierno intentó desviar la atención, los electores no dudaron en culparlo.

En los próximos dos meses en México se considera improbable un ataque terrorista, pero no puede decirse lo mismo de una masacre entre grupos antagónicos del narco. Aquí que sí que podría darse. En esta caso, las declaraciones de los candidatos tomarían fuerza y podrían definir la elección. Cualquiera de ellas sería más importante que la de un gobierno pasmado como ya lo vimos ante la desaparición de estudiantes de Ayotzinapa en 2014.

Además, faltan dos debates televisados y ocho semanas de mítines, entrevistas y declaraciones, y convencer al 25% de indecisos. Algo puede definir la elección en forma inesperada antes de la fecha. Un error, una imprudencia o un micrófono que se quede abierto pueden dar al traste con los esfuerzos de meses, y con la esperanza de triunfo.

Aún falta mucha agua que pase por debajo del puente antes de la elección, no hay que comer ansias. Solo el trabajo constante al amparo de una estrategia bien pensada y mejor articulada puede conducir al triunfo. Festinar por adelantado no ayuda necesariamente a aumentar el número de votos, y puede afectar el equilibrio emocional de muchos.

En forma por demás anticipada se comenzó a hablar del voto útil, de renuncia a candidaturas cuando tanto está por suceder. Faltando una o dos semanas para la elección pudiera ya hablarse de ello. Ahora aún no es tiempo a menos de que la intención sea desmoralizar a los simpatizantes del adversario

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"Que no haya ilusos para que no haya desilusionados" fue una frase acuñada en la primera mitad del siglo XX. Manuel Gómez Morín buscaba que nadie se sintiera defraudado si no se llegaba al triunfo. Siempre creyó que el mejor camino para lograr la democracia debe comenzar con la educación cívica del pueblo antes de buscar acceder a puestos públicos.

Pero muchos de los seguidores de López Obrador (aunque también de los de Ricardo Anaya y de los de José Antonio Meade) están seguros de ganar sin pensar por un momento en la posibilidad de perder. Candidatos y dirigentes partidistas tienen una enorme responsabilidad al levantar expectativas sin mostrar les importe lo que sucedería de perder. Deben recordar: en una democracia se gana y se pierde.

Faltan dos meses cargados de tensión, de declaraciones y de actos, algunos impactantes y otros creados para fingir. Discursos y acciones partidistas nos llenarán de mensajes, quizá con la esperanza de decirnos que México finalmente progresará en una paz que el actual gobierno nunca pudo alcanzar.

 

 

 

 

 

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