Diez millones
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El hombre fuerte

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La Grecia Antigua no sólo inventó la democracia, también sufrió la aristocracia, la demagogia, la oligarquía y la tiranía. Estos aparecen ya en escritos del siglo V antes de nuestra era, y mientras antes de la constitución norteamericana de 1776 hubo sólo casos aislados de democracia como ahora la conocemos, proliferaron gobiernos autoritarios.

Los gobiernos que dependen de la voluntad de un sólo hombre son los que más han abundado a lo largo de la historia, aunque el mundo moderno no lo acepte. Por milenios las diferentes tribus, razas, ciudades y más tarde las naciones, tuvieron a un hombre fuerte al mando. Aunque algunos fueron seleccionados por sus habilidades bélicas, otros llegaron por herencia, por astucia o por contubernio, y duraron largo tiempo.

Cuando hay inestabilidad política es fácil que llegue un hombre fuerte al poder. Aunque inicialmente se forme un triunvirato o un gobierno de transición, el audaz se impondrá a los demás. Así llegaron al poder Lenin en Rusia, Tito en Yugoslavia y Videla en Argentina. Otros más llegaron por la fuerza de las armas: Francisco Franco, Porfirio Díaz y Augusto Pinochet; los menos por medios democráticos, a los que luego despreciaron y traicionaron, como Ferdinand Marcos, Racip Tayip Erdogan o Adolfo Hitler.

Fueron hombres fuertes que se rodearon de incondicionales para aplicar sus particulares ideas. Sin importar si de derecha (como Franco o Pinochet), de izquierda (como Lenin, Stalin o Mao Tse Dong) o de centro (como Erdogan o Mugabe) impusieron sus ideas a la población por la fuerza. Sin miramientos ni compasión sacrificaron a quienes se oponían o les estorbaban. Millones de personas murieron: campesinos, obreros, terratenientes, clasemedieros, gitanos y judíos.

Los historiadores no se han puesto de acuerdo cuál dictadura ha sido la más sanguinaria, pero hay tres que destacan: Stalin, Mao y Hitler. Ellos ordenaron la muerte de millones de compatriotas y extranjeros por igual, incautaron sus propiedades en beneficio del régimen e incluso de sus testaferros.

México no necesita tener más dictadores que los que ya sufrió en los siglos XIX y XX. No le hacen falta ni de derecha, ni de izquierda, revolucionarios o neoliberales. Queremos un régimen que responda a los anhelos populares sin peligro de caer en dictaduras, ni personal ni de partido. Podrá desagradar el dispendio de las campañas, pero preocupa aún más el que un iluminado se apropie del futuro del país.

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Alarma la posibilidad de que México siga el ejemplo de Venezuela, donde un líder "ciudadano" ganó con una bandera anticorrupción y del fin de la impunidad para gobernar en medio de la peor corrupción y la mayor impunidad conocidas. La sola posibilidad de que un mesías así triunfe, sacude al país.

Pero también asusta la posibilidad de que llegue un "salvador de la Patria", que a cambio de revitalizar la economía, imponga una ideología de odio. Así lo hizo Adolfo Hitler en 1933, reanimando la economía alemana con fondos extraídos a sus enemigos. Alemania subió como la espuma pero finalmente sucumbió por sus propias contradicciones.

2018 va a ser un año difícil. Por las elecciones, por la economía (aún no sabemos qué pasará con el TLC) y por la reconstrucción de lo dañado por terremotos y huracanes, pero al igual que con el esfuerzo solidario que mostramos en septiembre, el pueblo de México unido saldrá adelante. Sin necesidad de ningún "hombre fuerte".