El gasolinazo del PRI

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Vaya forma de concluir el año e iniciar otro que por lo pronto no augura mucho de bueno.

Sin duda uno de los momentos más importantes de la administración de Peña Nieto consistió en la aprobación de las llamadas reformas estructurales que tuvieron su origen en el “Pacto por México” y que, aunque con algunas críticas al interior, le mereció el reconocimiento internacional puesto que por primera vez en muchos años los principales partidos políticos y el gobierno se lograron poner de de acuerdo para definir e impulsar una agenda común en el plano legislativo, lo que si bien puede ser algo común en otros países, no lo ha sido en el caso de México.

Recordemos que durante el sexenio anterior, la oposición priísta tuvo como eje central de su estrategia la crítica sistemática a la administración panista por ejemplo con el combate a la delincuencia -aún y cuando el PRI compartía también una gran responsabilidad en el tema de seguridad pública al gobernar a nivel estatal en poco menos de las dos terceras partes del país- así como con el incremento gradual al precio de la gasolina, y obstaculizó la aprobación de las grandes reformas aprovechando su mayoría en la Cámara de Diputados.

Además de representar un importante logro político, el gobierno prometió a la población que con las reformas en materia energética y de telecomunicaciones se generarían nuevas inversiones que contribuirían al crecimiento de nuestra economía y por tanto habría más empleos, se terminarían los monopolios -público y privado- con la consecuente ampliación de la oferta y mejora en la calidad de los servicios, y sobre todo que le traería beneficios directos a su bolsillo al disminuir los costos.

Sin embargo la historia ha sido muy distinta pues a dos años de la promulgación de las reformas constitucionales y legales, estamos muy lejos de que se cumplan las expectativas y por el contrario, para el próximo año se avecina una nueva crisis que tendrá que sortear el gobierno del Presidente Peña Nieto en condiciones de franca debilidad.

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Al enojo y las compras de pánico que ha provocado el desabasto de gasolina en 13 estados como Michoacán, Guanajuato, Oaxaca, y con particular preocupación en San Luis Potosí, habrá que sumar las reacciones ante el anuncio del incremento en el precio de la gasolina para 2017 que se considera puede ser de entre un 20 y un 24%, así como del impacto inflacionario que se calcula en más de 4 puntos porcentuales.

Aún cuando estamos en un periodo en el que, por ser vacacional, la gente presta poca atención a la información -salvo en algunos casos como los XV años de Rubí que más bien se convierten en parte de la distracción o desahogo de la sociedad-, se ha desatado un intenso activismo en redes sociales con fuertes críticas al gobierno federal en las que abundan los memes, frases con las que se hace escarnio de aquel lema de campaña de Peña Nieto “te lo prometo y lo cumplo…”, y se difunde un vídeo en el que con motivo del mensaje de año nuevo, el 4 de enero de 2015 el Presidente Peña Nieto afirmó que ya no aumentaría el precio de la gasolina.

Incluso se han hecho convocatorias a la movilización o a cargar los tanques de los vehículos en lo que queda de este año para no comprar gasolina durante los primeros días de enero como una forma de boicot. Por su parte, políticos de oposición han señalado que este incremento no es consecuencia de la reforma energética sino de la obsesión priísta por exprimir a la ciudadanía con mayores impuestos y que se trata de un “robo en despoblado”, mientras que en el PRI reina el silencio y funcionarios de la Secretaría de Hacienda y Pemex hacen piruetas verbales para tratar de justificar la medida y asegurar que no se generará una espiral inflacionaria sin que, por supuesto, nadie les crea. Vaya forma de concluir el año e iniciar otro que, sin ánimo de ser pesimista, por lo pronto no augura mucho de bueno.

 

@agus_castilla