Diez millones

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Hoy, sin tatar de ser ejemplo para nadie les quiero compartir mi experiencia personal de lo que ha sido mi vida en este maravilloso país.

Nací y crecí en el seno de una familia de escasos recursos, mi padre fue un trabajador asalariado que se partió el alma para darnos formación universitaria a sus hijos en una Universidad pública. Fue lo mejor que pudo hacer en la vida.

Durante el transcurrir mi vida de la fui empleado más de 20 años, después de eso  y casi sin proponérmelo me llegó el tiempo ser patrón y dueño de una pequeña empresa. El más grande logro que tengo  en la vida es que 64 familias de mexicanos dependen de lo que pueda lograr para que vivamos con dignidad y con horizontes más amplios de los que hemos tenido nosotros. Estoy seguro de que no soy un “buen empresario”, no tengo grandes fortunas, ni propiedades ni cuentotas bancarias, lo que sí tengo son las ganas de levantarme cada día con gran alegría, ganas de aportar y el compromiso de lograr que nuestros compatriotas no se vayan de México, de que cada uno de ellos puedan ofrecer a sus hijos una expectativa de bienestar.

 

 

Es por ello que siempre he afirmado que soy izquierdista, no me interesa vivir como aristócrata tratando de tener lujos absurdos y estúpidos. Me interesa aportar a la sociedad  lo que recibí en mi juventud, formación, valores y el gran compromiso de hacer de este, un mejor país para los que nos siguen. Al final es algo a lo que no podemos ni debemos renunciar. El progreso de una sociedad no se mide en cuánto dinero puedas tener, se mide en que la siguiente generación pueda resolver más compromisos y logros de los que nosotros pudimos tener.

 

De antemano les ruego que me disculpen si sueno como un idealista irredento, ¡es que sí los soy!, y por ello afirmo y moriré con la idea de que ¡vale la pena vivir en nuestro amado y maravilloso México!