Diez millones

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Si algo nos enseñó nuestra historia fue el México de caudillos que se vivió durante el siglo XIX y hasta casi mediados del siglo XX. Fue un México que, desde su independencia, el primer Imperio con Agustín de Iturbide hasta la Paz Porfirista, nos muestra la razón por la cual nuestro país le debe apostar siempre a la institucionalidad más que a la persona o individuo.

Además, y haciendo una remembranza de mi niñez y adolescencia, durante las cuales no era muy afecto a monopolios televisivos, hay que reconocer que, por mucho que nos desagrade una institución, pues también son fuentes de empleo que ayudan a sostener a muchas familias mexicanas. Los partidos políticos no están exentos de ser este tipo de instituciones.

Si bien es cierto que, hay un deterioro social debido a la pérdida de valores tradicionales y eso impacta en organismos conformados por individuos, la corrupción nos compete a todos y no solo a las instituciones. Lo anterior, incluye a los partidos políticos que también cumplen con la labor social de generar empleos y que, lamentablemente, se ven inmersos en la corrupción.

El quitar el financiamiento por completo a los partidos, podría ser un grave retroceso que permitió dejar atrás la hegemonía del partido de estado y que abrió las puertas de la famosa alternancia. Estados que, durante décadas, estuvieron gobernados por un solo partido, hoy pueden limpiarse un poco de ese lastre que es la corrupción y buscar ciudadanos con mayor conciencia cívica.

Inclusive, el partido en el gobierno necesita esos recursos, pese a su gran militancia y el presupuesto que manejaría por cuotas de sus trabajadores estatales, ya que no le alcanza para subsistir. ¿Imagínense este escenario con los demás partidos? Se tiene que mantener una nómina, una estructura, instalaciones que generan empleo tanto de manera directa como indirecta.

Cierto es también que, cualquier ciudadano tiene el derecho a votar y ser votado, por lo que tampoco debe ser obligatorio pertenecer a una estructura partidista a fin de representar a la sociedad o a un sector de la misma. No se puede apostar a un “caudillo” o “mesías” que tan solo con alcanzar el poder y creerse ejemplo a seguir contra la corrupción acabará con la misma sin otra receta.

Éste sería un gran retroceso en la evolución de la vida política y democrática en el país. Por ello México debe de apostarle al fortalecimiento institucional sin generar vicios o externalidades negativas. La reforma que presentó el partido de estado en su momento, a finales de la década de los 90’s fue un abuso que significó un excesivo gasto electoral, pero de eso a irse al otro extremo pues...

Por ello y, como dice el dicho, “ni tanto que queme al Santo, ni tanto que no lo alumbre”. Es decir, SÍ A LA REDUCCIÓN EN EL GASTO DE LOS PARTIDOS, PERO SIN NEGARLES RECURSOS para que puedan ser una opción democrática viable contra el mesianismo con el cual, algunos personajes de la política nacional ponen en riesgo la democracia de nuestro país.