Diez millones
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Jorge Mario Moreno, José Francisco Mercado, Mario Enrique Díaz y Giovanni Otero habían sido vistos por ultima vez un día primero de Julio de 2010, cuando familiares y testigos cuentan que estos salieron en automóvil de Hermosillo a Ciudad Obregón en lo que parecía ser un viaje de diversión y amistad. Nunca egresarían.

Jorge Mario era hijo de Nepomuceno Moreno Muñoz, quien relataría mas tarde como después de que salieran a Ciudad Obregón, recibiría una llamada desesperada de su hijo pidiéndole ayuda desde una tienda de conveniencia a veinte kilómetros del sitio donde Jorge Mario y sus amigos habían tenido que abandonar el automóvil y correr de policías que los seguían. Alegaban habiéndoles confundido con miembros de un cartel criminal, el de Beltrán Leyva. Nepomuceno le pidió a su hijo que buscara un amigo en Guaymas para que lo levantara, pero la policía llego primero.

Nepomuceno y su familia comenzaron una intensa búsqueda por encontrar a su hijo. Cuando su hija marcaba insistentemente al teléfono celular de su hermano, le contestaron los delincuentes, “aquí los que hacen las preguntas somos nosotros”, dijeron, era policías municipales decían, luego que eran del estado, pedían treinta mil pesos, decían “somos tres, danos treinta mil pesos y te los regresamos”, “su hijo anda en malos pasos”, decían. Nepomuceno pidió tiempo para conseguir el dinero, pero una vez que lo tuvo los delincuentes le comenzaron a dar largas a la entrega de su hijo.

José Francisco fue levantado del Hotel San Jorge, para ser encontrado muerto en un canal de riego días mas tarde. Dos familias pagaron millones de pesos para liberar a sus hijos, sin embargo Jorge Mario, José Francisco y Geovanny permanecen desaparecidos.

Las pistas de Jorge Mario y sus amigos son vagas, reportes indican eventos confusos y cínicos intentos de criminalizarles de parte de los mandos policiacos locales, el desahuciado manejo de la información también vuelve imposible aislar los hechos alrededor de la desaparición de Jorge Mario y sus amigos.

Nepomuceno busco investigar por sus propios medios y procedió a informar a la policía de las pistas que encontraba pero estos se negaron a actuar. La policía reporta haber encontrado el auto donde viajaban Jorge Mario y sus acompañantes, a la altura de Bácum y que en su huida habían dejado al menos 18 tarjetas bancarias clonadas.

Nepomuceno pudo hablar con su hijo todavía una ultima vez después de mucho insistir con los policías que lo mantenían secuestrado, le dijeron entonces a Jorge Mario que ya lo planeaban soltar, le dijeron que le hablara a Geovanny Otero para arreglar que este fuera por Jorge Mario. Giovanni llevo consigo a otro amigo suyo, Miky López para juntos recoger a Jorge Mario, pero ambos fueron levantados. A los días Miky López seria abandonado con sus costillas rotas y dos dedos amputados. Actualmente reside en algún lugar de Estados Unidos.

El periódico mas importante de Sonora, El Imparcial apenas se refirió al caso en unas escuetas líneas. La sociedad sonorense siquiera se entero de los hechos, el gobierno estatal configuraba un escenario de bajo perfil para que el caso se olvidara rápidamente.

Nepomuceno comenzó a presionar las autoridades estatales exigiendo saber el paradero de su hijo, pedía la revisión de los videos de la tienda de conveniencia Oxxo donde policías habían por ultima vez detenido a Jorge Mario y donde de acuerdo a los empleados, estos contenían evidencia clara de los policías que se lo habían llevado. Las autoridades locales no solamente desestimaron el caso, además comenzaron un asedio hacia el padre de la victima. Nepomuceno desafiante plantaba pancartas en protesta afuera de su casa mientras las patrullas pasaban todo el tiempo.

En su pueblo muchos le decían que su hijo ya había muerto y que nada había que hacer, que tuviera cuidado por su vida, algunos amigos le dieron el pésame dando a su hijo Jorge Mario por muerto, pero su amor de padre jamás le permitió aceptarlo así.

En su esfuerzo por encontrar a su hijo en un país arrasado por el crimen, la injusticia y la impunidad, y donde las autoridades han perdido toda sensibilidad hacia la dignidad humana, Nepomuceno vio una luz de esperanza cuando en Junio del 2011 se unió al movimiento de Sicilia durante la llamada Marcha Hacia El Norte. En ese recorrido Nepomuceno acompaño, con fotografías de su hijo en mano, al movimiento contra la violencia, marchando por estados como Chihuahua, Nuevo León, Durango, entre otros, y pudo ver el dolor de muchos otros padres de familia, de otras gentes y pudo compartir su historia, la historia de su hijo y sentir que algo finalmente podía hacerse contra la injusticia. No se si llego a creer jamás que encontraría a su hijo en el movimiento, aun en su tragedia, Nepomuceno irradiaba animo a sus compañeros, algunos que lo conocieron dicen que sufragaba sus propios gastos y aportaba como podía a pesar de su origen humilde.

De pronto vemos a Nepomuceno, de 56 años, frente a Felipe Calderón en los Diálogos Por la Paz, tomando el micrófono, siempre llevando consigo la imagen de su querido hijo. Pero Nepomuceno sabia que las respuestas del paradero de su hijo no estaban en El Castillo de Chapultepec, sino en Sonora, y regresaría a su estado para continuar presionando a las autoridades locales para encontrar la verdad. En una entrevista a un diario señalaba:

 

“Muero de la ansiedad por conversar con el Procurador de Justicia del Estado de Sonora para decirle la verdad, si no quiere ocultar nada que autorice los exámenes en el video, que presente a los policías involucrados con los narcos, que le garantice la seguridad a los jóvenes que ahora viven exiliados en Estados Unidos para que regresen a su país”.

Sus reclamos caerían en los oídos sordos de autoridades que actúan a espaldas de su pueblo. Nepomuceno regreso a su ciudad, allí seria silenciado para siempre.

Hacia las doce del mediodía del 28 de Noviembre, las autoridades anunciaban que Nepomuceno Moreno Núñez había sido ultimado a balazos en Hermosillo, Sonora. Su cuerpo fue encontrado dentro de una camioneta, de acuerdo a testigos el automóvil fue alcanzado por otro vehículo desde donde le dispararon a mansalva. Tenia siete balazos en el cuerpo. No hay culpables a la vista todavía.

La administración estatal de Padrés Elías y su procurador, Abel Murrieta Gutiérrez, son igualmente comparables en cinismo, ruindad y bajeza que los mismos implacables asesinos de Nepomuceno. Padrés y Abel Murrieta se tomaron la infame molestia de incluir en un escueto informe oficial sobre el asesinato de este padre destrozado que “Nepomuceno Moreno Muñoz había estado preso en Arizona en 1979 por trafico de heroína”, y que “había sido procesado en 2005 por portación de armas”.

Observo en un video a Nepomuceno hablando con ese acento norteño y reacio, con la simpleza llana de la gente de los pueblos pequeños. Su hablar es claro y bien articulado, es un hombre educado en sus maneras, humilde y sonriente y amable, es un viejo grande y hermoso mientras orgullosamente muestra fotografías de su hijo Jorge Mario, un muchacho joven, de noble semblante también el y rodeado de amigos y es posible apreciar que Jorge Mario, a sus 18 años, llevaba una vida plena, cobardemente terminada por policías convertidos en delincuentes.

No hay rencor en sus gestos y expresiones de este hombre incansable, no hay una sola maldición o palabra de odio hacia nadie. Nepomuceno sonríe tristemente todo el tiempo y su mirada refleja tan solo su extraordinario amor por su querido hijo, un amor de padre que nunca cedió ante la amenaza, ni ante la adversidad, ni ante el oprobio y desvergüenza de un mal gobierno. Su amor nunca fue negociable, ni siquiera para su propia existencia.

Tal vez en sus últimos momentos, recordaría el rostro de su hijo y tal vez si tuvo el tiempo, las caras de tantas otras gentes con dolor de haber perdido a sus hijos, a quienes conoció y con quienes pudo compartir su experiencia y aliento de esperanza.

México esta transformándose rápidamente sobre la descomposición de sus instituciones mas esenciales y bajo la presión de todo tipo de fuerzas mucho mayores a la tibia voluntad de sus lideres políticos. El ruin asesinato de Nepomuceno ha puesto fin a su resistente lucha por justicia y dignidad para su hijo, y para todo México. Si bien, su vida no fue exhausta, la memoria de su trágica lucha persistirá por muchos años junto a la de Maricela Escobedo y la de tantos otros padres que han perdido a sus hijos en esta guerra.

Pero aun en este tiempo de postración y dolor, hay siempre momentos de esperanza y la semilla de la lucha de Nepomuceno lleva consigo un legado de fe y de aliento para todos aquellos que aspiramos a ese nuevo ideal de dignidad y un nuevo orden social mas justo y solidario para nuestra sociedad.

Epitafio

Usted que a mi lado marcha,
tal vez no me conozca,
soy Nepomuceno Moreno
de Sonora vengo y aunque viejo soy
mis pies y mis rodillas no flaquean
Y en cada paso que doy
recojo semillas de esperanza.

¿Ha visto Usted a Jorge Mario?,
¿y quién podría darme rastros de mi hijo inerme?
que perdiera un día, su aliento,
su sonrisa, sus humores de muchacho,

La misma luna que brilla en mi camino,
Señor mío, por favor
Concédele mirar por siempre.

El crisol de la muerte y el dolor
continuara sin fin y sin tregua cada día
en esta guerra ajena.

Yo volveré pronto, te lo prometo hija mía,
estoy apenas de tocarle su mejilla,
el momento esta cerca ya..

Escúchame, ten su fotografía,
te encargo también la mochila,
de tu hermano ausente.

Abrazos, palabras
y flores y coronas te darán mañana
No les digas hija mía por favor
de mi desesperanza,
diles mejor que tu hermano
a Hermosillo regresara un día,

En soleadas banquetas,
niños y niñas jugaran felices
y una calle llevara su nombre,
cuando tengamos por fin buenos gobiernos,
y cuando de toda esta doliente guerra
ya jamás nadie ni nada se recuerde.