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Espacio del Lector

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Durante y antes del anterior proceso electoral, vimos el fenómeno de la "política ficción".

Ese tipo de política basado en la auténtica guerra sucia, en inventos, en visiones paranoicas que pasan del ámbito profesional e ideológico, al personal a través de la difamación y de la calumnia.

¿Qué no se dijo del presidente Calderón durante estos seis años? de todo.

Y de forma escalofriantemente ligera.

Lo más grave sin duda fue el "escándalo" del supuesto alcoholismo del primer mandatario.

Nunca dieron pruebas, y las pocas que dieron, se caen.

¿O acaso un alcohólico no se presentaría en público en estado de ebriedad? ¿No hay supuestamente una "prensa libre" (por libre significa afiliada a la izquierda) que pudo haber fotografiado o videograbado a FCH ebrio?

De Peña Nieto ni qué decir: hay rumores que van desde que mató a su esposa hasta que es homosexual.

En un ejercicio de honestidad, creo que en ocasiones a Obrador se le ha calumniado. Recuerdo dos casos en particular: la muerte de su hermano y el secuestro y asesinato del hijo de Alejandro Martí.

En el primer caso, lo acusan de haber accionado el arma que mató a su hermano. Y en el segundo se le atribuye la frase "qué bueno, un pirruris menos".

Todo ello sin prueba alguna.

Y se pone peor.

Este tipo de política tan baja y ruin basada en la ruimorología (de la que Isa hizo un excelente análisis) está desatada a nivel mundial.

En los Estados Unidos por ejemplo, han dicho sobre Obama hasta lo que no.

Que si era un musulmán que le iba a declarar la "Yihad" a todo lo que es "bueno y norteamericano" hasta que no nació en los Estados Unidos y que por ende era un "presidente ejpurio" AMLO dixit.

Y así podríamos analizar casos y casos en la política nacional e internacional.

Que quede muy claro: no dudo que el poder les otorgue a los líderes mundiales el sentimiento de impunidad y control y que se comporten como déspotas, el caso del mundo árabe es muy claro en este aspecto.

Hay una delgada, delgadísima línea entre la crítica profesional y la personal. Casi siempre es rebasada en aras de la libertad de expresión.

Habrá que cuestionarnos como sociedad y habrá que cuestionar a la clase política sobre este comportamiento cargado de esquizofrenia e infantiloide. El nivel del debate cae muy pronto y  se pone en riesgo nuestra endeble e imperfecta democracia.