Diez millones

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CREDITO: 
Enrique Campos Suárez

Muchos estados padecen a gobernantes poco preparados.

La verdad es que nunca hubo una promesa de que gobernaría un nuevo PRI. Es cierto que el virtual candidato ganador de las elecciones del pasado 1 de julio es un hombre joven, pero muchos de los tricolores que le acompañan son viejos lobos de mar del anterior sistema que gobernó este país.

 

Y peor aún, muchos de los artífices de la campaña ganadora de Enrique Peña Nieto son parte de la generación actual de gobernadores que en muchos casos han dejado sus entidades en condiciones deplorables.

Hay personajes de la calidad de Luis Videgaray que han tenido un trabajo muy reconocido, incluso por los partidos políticos opositores al tricolor. Su paso por la Cámara de Diputados dejó buenos resultados.

Por su formación es posible, pero no definitivo, que el coordinador de políticas públicas del equipo de pretransición sea un hombre comprometido con la disciplina fiscal y las cuentas financieras sanas del país.

Pero mientras no tengamos la certeza de que el posible gobierno de Peña Nieto será responsable con el manejo económico, lo que tenemos son los antecedentes de los expresidentes emanados del PRI y la realidad del manejo financiero de los gobernadores de ese partido.

España, que es la segunda nación a la que aspiraríamos a igualar en México, está hoy metida en un gran problema económico por la arrogancia de su gobierno de pensar que gastar irresponsablemente no tendría consecuencias.

Estados Unidos, que es guía financiera, económica, comercial y hasta cultural de este país, está en una condición similar. Con la diferencia de que cuando explote la crisis en la nación del norte, las repercusiones acá serán muy fuertes.

A pesar de que las finanzas se han manejado con una gran prudencia desde los tiempos de Ernesto Zedillo a la fecha, la realidad es que la economía mexicana enfrenta serios riesgos financieros.

Uno de los principales temas a superar en las finanzas del país es la dependencia fiscal de los ingresos petroleros. Cuatro de cada 10 pesos que se gastan en el sector público son fruto de la venta de productos petrolíferos.

Esta cómoda dependencia ha hecho que se relaje la recaudación fiscal, que se mantiene en el nivel más bajo de entre todos los países integrantes de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos.

Otro tema de gran importancia y de inexplicable desdén por parte de las autoridades es el déficit casi insostenible de los sistemas de pensiones. Estamos cerca de llegar a ese punto en que ya no será posible pagar a los jubilados.

Y otro tema no atendido de forma adecuada son las obligaciones financieras de los estados y municipios.

Tras la derrota priísta en la Presidencia, este partido buscó no despegarse del ejercicio del poder por la vía de sus diputados y senadores. Pero también a través de ampliar las atribuciones de las entidades del país para lograr, sobre todo, más recursos.

La ampliación de la cartera de los estados no vino acompañada, sin embargo, de un aumento en sus obligaciones de manejar bien el dinero y reportar lo que hacían con él.

Hoy, muchas entidades padecen los efectos de gobernadores poco preparados, sabedores de una gran impunidad y muy ambiciosos, que desequilibraron el futuro de millones.

Fidel Herrera, en Veracruz, que a pesar de contar con el manto protector del gobierno que le sucedió, dejó certezas, que no pruebas, claro está, de un manejo muy poco claro.

Eugenio Hernández Flores, exgobernador de Tamaulipas, es incluso investigado por presuntos vínculos con el crimen organizado.

Y Humberto Moreira, desde el feudo de Coahuila, que lo primero que hizo fue dejar a su hermano como Gobernador para tapar absolutamente todo. Pero también dejó un estado altamente endeudado y comprometido en sus finanzas.

Los tres exgobernadores priístas aquí citados fueron parte de la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional. Morería fue nada menos que el Presidente y artífice del proceso interno que llevó a Peña Nieto a la candidatura.

El resultado electoral será suficiente para garantizar la impunidad en su caso, no me queda la más mínima duda de que los coahuilenses vivirán un par de generaciones pagando los excesos de Humberto Moreira, mientras éste goza de su retiro político.

Pero lo obligado es que Peña, Videgaray y todo el equipo que eventualmente gobernará se desmarquen de este tipo de prácticas propias del viejo PRI o de los que podrían aparecer como parte del gabinete de la siguiente administración.