Diez millones
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CREDITO: 
Enrique Campos Suárez

No puede ser serio el planteamiento de que bajando sueldos a la alta burocracia, como le llaman, el país ahorraría 300,000 millones de pesos al año.

Lo que Andrés Manuel López Obrador hace con este planteamiento es una de las tácticas que mejor le salen, lanzar un anzuelo y esperar que piquen los incautos. Y con ésta, picaron al por mayor.

El cálculo era, seguramente, que al menos dos de sus tres contrincantes en el debate se engancharían con un planteamiento tan absurdo.

Y así fue, dos de tres cayeron en la trampa. Y más allá de la cátedra del profesor liberal Quadri, la candidata panista se horrorizó con el planteamiento radical de don Andrés.

 

Pero la pesca del colmilludo político fue mucho más grande. Cuando levantó la red, había caído el Presidente de la República.
Felipe Calderón escuchó lo mismo que todos los que presenciamos el debate, que la economía mexicana enfrentaría un crecimiento de 6% tan sólo con ahorrar en el gasto corriente y combatiendo la corrupción.

Como es una gran mentira que se pueden recortar 300,000 millones de pesos en salarios de la alta burocracia, el Presidente tomó su smartphone y escribió estos 139 caracteres: “Si el gobierno despidiera a todos los altos funcionarios, de director a Presidente, ahorraría 2,000 mdp, no 300,000 mdp. ½ sueldo: 1,000 m”.

Tras el Presidente, todo su equipo: el Secretario de Hacienda, varios subsecretarios, los empresarios, los analistas, en fin. Una captura masiva de angustiados personajes inspirados en el sentido común.

El titular de Hacienda, José Antonio Meade, dijo, un poco preocupado, un poco colaborando a la campaña, que si el gobierno federal prescindiera de todos sus servidores públicos, el ahorro sería de 264,000 millones de pesos.

Y para hacer el caldo más gordo, algunos de los más impresentables personajes del PT ya salieron a retar a las autoridades financieras del país a un debate para comparar las cifras de cómo sí es posible bajar sueldos por todos esos miles de millones de pesos.

Si de lo que se trataba era de generar un posdebate que mantuviera la atención en López Obrador, con la conciencia de que hay amplios sectores de la sociedad que sí compran estos discursos por disparatados que sean, López Obrador lo hizo de nuevo.

Tiene los reflectores que apuntan directo a él y le cuestionan cómo es posible que haga planteamientos tan absurdos.

Pero ¿qué tal si Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial del Movimiento Progresista, hablaba en serio?

¿Qué pasaría si realmente este personaje está convencido de que los pirruris del gabinete pueden dejar de cobrar 300,000 millones de pesos al año? ¿Y si realmente cree que con ese dinero México puede crecer no a 3 sino a 6 por ciento?

Y además, como cereza en el pastel, desapareciendo el IETU y sin modificar otros impuestos. ¡La joya de la corona!

No es la primera vez que este personaje plantea una idea económica y que realmente se le nota convencido de que lo que dice es posible.

Están, por ejemplo, sus cinco refinerías con las que va a bajar los precios de los combustibles. No importa si su precio desfalca las finanzas públicas y no importa que tarden siete años en construirse, él está seguro de que así funcionan las cosas.

El debate pasado, este personaje lanzó otra de esas ideas que son tan absurdas que incomodan. Dijo que si se repartiera el dinero del presupuesto, a cada persona le tocaría cierta cantidad.

Y puede ser entonces que no se trate de una estrategia bien armada para provocar a los contrarios, puede ser que realmente Andrés Manuel López Obrador sea de la idea de que la anarquía es un sistema válido.

Si se reparte el dinero y se corre a la burocracia, se desmantela el gobierno y entonces el pueblo manda. Pero como necesitan un líder, siempre estará alguien carismático para encabezar la ruta del pueblo bueno.

Pienso en este personaje más bien como un habilidoso político capaz de despertar pasiones con sus planteamientos absurdos, antes que un Mesías que cree que su encanto alcanza para administrar un país.

Puedo ya sentir el tono de las críticas a lo que aquí escribo y el dedicarte este espacio y el tomarse la molestia de descalificar al autor es, para mí, una prueba más de la genialidad del personaje para conseguir la atención al precio que sea.