Diez millones

Todo mal: el precio de la gasolina, la corrupción, la mentira

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El gobierno ahora ganará dinero con la venta de gasolina. El gobierno está haciendo negocio con nuestros propios recursos

Como candidato a la Presidencia, Enrique Peña Nieto prometió no subir los precios de las gasolinas. Apenas iniciado su sexenio, estos subieron. Después ligó indebidamente el precio de la gasolina con la reforma energética y lo hizo cuando prometió que se acabarían los “gasolinazos”. Pero de “regalo” de Navidad nos receta un aumento de 20% de un día para otro. Y se sorprenden por la reacción de indignación que han desatado. Lo que la gente ya no aguanta es la mentira, la corrupción y la hipocresía con la que se conducen.

Una gran mentira que nos van a repetir mil veces para justificar su abuso es que “en el gobierno de Calderón pasó lo mismo”. Para empezar, en los gobiernos del PAN no se utilizó el precio de la gasolina para fines recaudatorios. Y hay una enorme diferencia: en ese entonces, la gasolina que se compraba a Estados Unidos costaba 11 pesos y se vendía a 7 pesos el litro. Había un subsidio por más de 200 mil millones de pesos al año que tenía que corregirse, lo que se hizo gradualmente. En el gobierno de Peña Nieto el gobierno compra la gasolina a 11 pesos y la venderá hasta en 20 pesos el litro. Ya no hay subsidio que corregir. El gobierno ahora ganará dinero con la venta de gasolina. El gobierno está haciendo negocio con nuestros propios recursos.

Es claro que hay un problema de finanzas públicas generado en el gobierno de Peña Nieto. Este gobierno del PRI encontró un mecanismo para una recaudación extraordinaria que sólo ha servido para gasto corriente y que ha sido mucho y muy mal gastado. Subieron salarios a la alta burocracia, aumentaron las plazas para compadres y amigos, se dieron jugosos contratos a empresas del Estado de México. Y de Pemex, ni hablar: en lugar de racionalizar el gasto y dirigirlo a producir más gasolinas, se han gastado millones de dólares por ejemplo en comprar plantas quebradas de fertilizantes o aviones ejecutivos. ¿Quién está rindiendo cuentas por toda esa irresponsabilidad corrupta en el manejo de Pemex?

La gente entiende lo que está pasando y por eso está indignada: este gobierno del PRI sólo busca recaudar dinero. Dicen que ese dinero es para beneficio del país. ¿Dónde están esos beneficios? Algunos dicen que el caos que pueden ocasionar las protestas no va ayudar a las inversiones que se necesitan, por ejemplo para nuevas refinerías, pero, ¿qué no cancelaron una? Lo que obstaculiza la inversión no son las protestas, sino la enorme corrupción que han querido trasladarla sólo a los gobernadores. ¿Y qué hay de la corrupción a gran escala del gobierno federal? ¿Podemos creerles que las licitaciones ya no las van a ganar los amigos y compadres de siempre? ¿Nada se va a decir del desorden de Pemex?

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Necesitamos poner la casa en orden, y esto significa, antes que nada, ponerle un alto al abuso del gobierno. No se puede con una mano subir arteramente el precio de la gasolina y con la otra seguir gastando en gasto corriente, partidos políticos ricos y moches para funcionarios corruptos. En México tenemos al mismo tiempo un excesivo cobro de impuestos que se ve reflejado en la corrupción en lugar de mejores servicios públicos. Hay que exigir que se investigue a fondo qué se hizo con Pemex este sexenio. Hay que revisar con lupa el gasto público El tiempo apremia y ya no podemos dejar a México a merced de más corrupción y mentiras.

Por cierto. Le bajó unos días a su tono de odio. Pero no deja de ser quien es. AMLO salió en un video, culpando a la reforma energética de los aumentos de gasolina. Habla de “oportunismo” y de “hipocresía” y da nombres de panistas. Sus propias palabras pueden ser utilizadas para evitar su padecimiento de “amnesia”, sería bueno también “refrescarle la memoria”, ya que cuando era un distinguido priísta él consentía los aumentos a la gasolina de 850% de López Portillo y de 2 mil 300% de Miguel de la Madrid —y todos los presidentes emanados del PRI siguieron subiendo las gasolinas— . Una vez más nos dice que unos no tenemos su permiso para indignarnos únicamente porque no estamos con él. Él decide quién puede opinar y quién no, quién puede sentir y quién no.