Diez millones
Nutriseg-control-temperatura-concretos

Todo por ser mujer

Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

El sentimiento es colectivo y unánime. El feminicidio de Mara Fernanda Castilla vuelve a llenar de indignación, tristeza y miedo a la sociedad mexicana, sentimientos que se desbordan después de la muerte de Fátima, la joven alumna de La Salle, de Lesvy la chica que mataron en la UNAM, de María del Carmen Cruz en la Ciudad de México. Y los comentarios que violentan y re-victimizan: “es que viajaban solas”, “es que no pueden estar tan tarde”, “es que ya beben mucho”, “es que, qué hacía ahí”. Es que Mara en la madrugada consiguió un taxi “seguro” para regresar con bien a su casa.

La tragedia de Mara no es la tragedia únicamente de la familia Castilla (por cierto, muy valiente). Es una desgracia colectiva. Y es la expresión final de una violencia estructural contra las mujeres en el hogar, en el trabajo, en la oficina, en la política; lo menos que se esconde es la expresión: “ella no debería estar ahí”, “ella no debe ser así”. Hacer menos a una mujer, pasar sobre sus derechos es mucho más fácil, porque el odio a las mujeres encuentra toda clase de pretextos.

Por eso a pesar de fiestas patrias, la condena en redes no cesó. Las investigaciones fueron rápidas, se supo qué había pasado y la indignación siguió. La propia compañía de taxis lamentó el “fallecimiento” —fue un homicidio— pero no dijo nada sobre la responsabilidad de contratar a un brutal asesino como chofer.

Ayer domingo hubo marchas para exigir justicia en el caso de Mara y para expresar solidaridad ante lo que debe considerarse una Emergencia Nacional. La principal causa de muerte en las mujeres es ya el homicidio desde el 2015. El cálculo es 7 feminicidios diarios en nuestro país. Va a la alza porque “no pasa nada” y mucho menos si la víctima es mujer.

“Yo no me siento segura en ningún sitio”, dice un video con el #AlertaMujeresMx. Inicia con la frase: “Yo no me siento segura en ningún sitio” y llama a las mujeres a estar alertas, para que se cuiden y cuiden a las demás. Resalto el momento en el que una de ellas dice “por eso vamos a cuidarnos lo más que podamos”, seguida de una frase demoledora para el Estado: “porque las autoridades no nos cuidan”. A una sociedad sexista, a la discriminación, al discurso de odio, se les está acompañando la debilidad del Estado mexicano para perseguir delitos. Es decir, el primer responsable de todo esto es la autoridad y debemos exigir que las autoridades cuiden a las mujeres.

Además de la prevención contra la discriminación y la violencia a las mujeres, además de la educación en el respeto y promoción de la cultura de legalidad se pueden tomar otras medidas urgentes:

1) Todo homicidio en contra de una mujer debe ser investigado como feminicidio, como dice el criterio de la Corte. Y en general todos los delitos contra las mujeres deberían perseguirse con estrategia focalizada y mapa de riesgos.

2) Los ministerios públicos no deben promover la resolución alternativa de conflictos en casos de violencia contra las mujeres.

3) La declaratoria de Alerta de Género debe darse bajo criterios más claros y debe estar acompañada de programas específicos tanto en la persecución del delito como en la prevención de la violencia. Mujeres de todos los partidos promovimos la Alerta de Género. Para nuestra sorpresa o indignación, todos los gobiernos hacen todo tipo de gestiones para que no sea declarada, le tienen miedo a que declaren Alerta de Género… le deberían de tener miedo al asesinato de las mujeres.

POR CIERTO. “Mi hijita”, “mi amor”, “mi muñequita”. Esas palabras que en algún contexto pueden comunicar cariño son misoginia pura cuando se trata de una entrevista profesional. Y esas son las palabras del cuñado del secretario de Sedesol a una reportera a la que intentó sobornar y negociar. Son palabras dirigidas a infantilizar, a reducir, a debilitar a una mujer para negociar desde el poder que da la impunidad y el sentimiento de sentirse superior por ser hombre.