Diez millones

Las perversidades de la política

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Iniciamos el último tramo del año. Los mexicanos nos hemos acostumbrado a seccionar nuestras vidas en sexenios. Seguimos el calendario político, conscientes que su paso afecta nuestras actividades y decisiones. Con la entrada de septiembre, tenemos la sensación de que nos acercamos a los cierres de varias cuentas, y en el caso actual, al gran ensayo democrático de la elección presidencial.

En afectuosa memoria de Federico Ruiz.

Es en este contexto que se da la estrategia del partido oficial que, muy dañada su antigua fama de invencible, se está dedicando a descalificar a sus contendientes para así asegurarse el triunfo en 2018.

Es el caso del sainete que estamos presenciando en el interior de Morena, donde el delegado en Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, personaje de conocidas raíces priistas, está desacreditando la supuesta  encuesta de López Obrador que le dio el triunfo a Claudia Sheinbaum para su eventual candidatura al gobierno de la Ciudad de México. La pataleta de Monreal, desde luego, sólo beneficia al PRI.

Por su parte, la repentina campaña contra Ricardo Anaya, presidente del PAN, originada en un difamatorio reportaje de El Universal que lo acusa de enriquecimiento deshonesto, tiene claras huellas priistas dirigidas a reducir las perspectivas presidenciales del panista.

Mientras se desenvuelven las dos estrategias mencionadas, la Presidencia de la República despliega, con el pretexto del V Informe, una vistosa publicidad en favor del propio primer mandatario con objeto de arraigar en la imaginativa popular la espléndida superioridad electoral del PRI.

Tocará ahora que Monreal complete su tarea de dañar la imagen de López Obrador, quien hasta el momento es el precandidato de mayor presencia en mucho del ámbito nacional. En lo que a Anaya se refiere, campeón de arrollador carisma en el escenario, aun fracasando el intento del PRI de desprestigiarlo, el daño en su fama personal está planteado en la desinformada conciencia del entreverado escenario político.

La preparación para las elecciones que vienen el año entrante es, en el mejor de casos, precaria. Independientemente de la debilidad del INE, los partidos políticos están entregados a las pugnas intestinas para hallar a quiénes postular como candidatos a la Presidencia. Para el PRD, la coyuntura es tan grave que hay ruidos de que sus principales dirigentes pronto abandonarán el barco.

El PAN, por su parte, se encuentra en pleno examen de alternativas para la candidatura. Los tres personajes panistas que se adelantaron tienen que admitir que no son los únicos.

Es éste el panorama que se presenta en lo político y en el que el PRI quiere ver seguro su triunfo en julio próximo superando la difícil coyuntura económica que encontrará.

Para entonces, la vigencia del TLCAN se habrá confirmado en definitiva o bien continuarán las negociaciones para incorporar compromisos adicionales al texto actual. También podrá haberse impuesto el deseo del presidente Trump de eliminar el Acuerdo por completo. En cualquier caso, ninguna campaña política podrá esquivar el tema de los ajustes a un sistema socioeconómico que en este sexenio aumentó la brecha entre ricos y pobres.

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La salud económica del país seguirá en vilo. Las cuentas que pueda rendir el gobierno de Peña Nieto sobre los éxitos de su sexenio estarán lejos de ser bonancibles. Desde ahora así lo revelan las estadísticas del Inegi.

El PRI se sabe en falta ante un electorado cada vez mejor informado y que al gobierno le resulta imposible quitarse la cancerosa piel de la corrupción, lastre que lo enfila hacia la derrota.  

Este artículo empezó aludiendo al ruidoso choque de fuerzas en el que están trabados los partidos y que, sin duda, aumentará. Esperemos que las campañas en 2018 se libren de trapacerías y crímenes violentos y contribuyan al prestigio internacional de México como país de metódicas y democráticas transiciones del poder.

La imagen de México en el exterior corresponde a la creciente importancia de nuestro país en el campo diplomático y el de los intercambios económicos. Espero que no la deterioramos con el trato de rufianes que en lo político nos damos.